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"La empresa no necesita privilegios ni tratos de favor, pero sí ser respetada en su función. Necesita reglas claras, estables y proporcionadas"

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21.04.2026

Hay ideas que, de tanto repetirlas, acaban impregnando a buena parte de la sociedad. Se convierten en una suerte de marco mental que orienta decisiones, regula comportamientos y condiciona la relación entre los distintos actores sociales. En los últimos años se ha ido consolidando, de forma silenciosa pero persistente, una de esas ideas: la empresa y el empresario como sujeto sospechoso a vigilar, como potencial problema en vez de como parte de la solución del modelo económico actual. No se trata de una afirmación ideológica, sino de una constatación que muchos empresarios reconocen en su experiencia cotidiana. Basta con detenerse en el momento inicial, en el acto mismo de crear una empresa. ¿Desde hace cuánto tiempo venimos oyendo que en España se va a poder crear una empresa en un día? Décadas diría yo, y aquí seguimos. Lejos de facilitar ese paso, el sistema lo rodea de trámites, autorizaciones, plazos inciertos y una burocracia que parece diseñada para controlar más que para impulsar. 

Emprender no debería ser una carrera de obstáculos. Sin embargo, lo es. A esa dificultad inicial se suma un marco fiscal que, con frecuencia, trata a la empresa exclusivamente como una fuente a la que exprimir de manera recurrente. Impuesto sobre sociedades, cotizaciones sociales, cargas indirectas… El debate público suele centrarse en cuánto más puede aportar la........

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