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Cuando el ruido no mejora el silencio

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05.04.2026

Algunos, que hemos acudido al traslado de la Dolorosa desde niños, que vimos sacar los vales para recoger las hachas en el establecimiento de Echarte y Grávalos y contemplamos el nuevo manto de la Virgen, antes de ser estrenado, en un escaparate de Arrizabalaga en la calle Estella, tenemos memoria histórica de ese acto, que es uno de los más entrañables de la vida pamplonesa.

Desde 1919, el viernes de Dolores, salvo un breve paréntesis en el que se ha hecho el viernes anterior, al concluir su septenario, la Dolorosa sale del que es su templo durante 51 semanas al año, la Parroquia de San Lorenzo, y se dirige a la Catedral, para permanecer allí durante todos los actos de la Semana Santa y retornar, sí o sí, a eso del filo del Sábado Santo, haya o no procesión del Santo Entierro.

Lo tradicional de este acto, organizado por la Hermandad de la Pasión del Señor, es que el paso de la Virgen, propiedad del Ayuntamiento de Pamplona, sobre las andas diseñadas por Víctor Eusa, y con el manto bordado por las Adoratrices de Pamplona en 1960, con un peso de 1.200 kilos, sea trasladada a hombros por 32 portadores de la Hermandad de La Paz y Caridad, con sus túnicas verdes y cordones y caperuzas doradas, acompañada de cientos de personas, niños y adultos, formando dos columnas de cirios que, a su paso, van dejando un reguero de gotas de cera. A la Virgen le acompañan, también, además de los corporativos de la Comisión de Cultura del Ayuntamiento (en cada época con un nombre diferente), el cabildo de San Lorenzo, las juntas directivas de las Hermanas de la Soledad y de la Hermandad de la Pasión del Señor y La Pamplonesa que, a los sones de la marcha ‘Mater Mea’, marca la cadencia del paso de los portadores. Esta era una marcha silenciosa en la que los que iban en cabeza con sus cirios escuchaban en la lejanía a La Pamplonesa y el sonido hosco de la maza sobre uno de los travesaños del paso que cada 30 metros aproximadamente se detiene, para el descanso o cambio de portadores, y reemprende la marcha, una y otra vez, hasta llegar a la Catedral donde es esperada por su Cabildo que la recibe como los honores que se merece.

Desde no hace muchos años se han ido añadiendo elementos nuevos que en esta Pamplona muy pronto se han convertido ya en tradición. Uno de ellos es que a mitad del recorrido la Dolorosa se encuentre con la Cofradía Musical de San Saturnino, que le interpreta la canción compuesta en su honor por uno de sus componentes, Iñaki Lacunza, cuyos primeros compases dice: “Marcha María de luto hacia la Catedral/ la ciudad reza al verla pasar/cubren su rostro lágrimas por Jesús/ el Hijo de sus amores el que hoy viernes de dolores/ le espera alzado en la cruz”. También, e invitados por la Hermandad de la Pasión, se han unido una serie de cofradías y hermandades, como la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Navarra, la Cofradía de la Virgen del Pilar, la Adoración Nocturna, los Amigos de la Catedral, el Santísimo Sacramento, los cereros y chocolateros, los carpinteros, la del Señor de los Milagros de Perú, etc., que aportan colorido y dan solemnidad al acto.

Pero recientemente se ha añadido también una Banda de Tambores que martiriza los tímpanos de los portadores de cirios y de las cofradías que caminan próximas a ella, los cuales, y creo mostrar el sentir de los que junto a mí marchaban el pasado día 27, sienten un gran alivio en los breves segundos que esta deja de tocar porque, además de disfrutar del silencio, pueden escuchar a lo lejos, como antes, los sones de La Pamplonesa. Por eso, como el ruido que esa Banda provoca no es mejor que el silencio que se logra sin ella, yo sugeriría a los organizadores que la eliminen de este acto y que no pase a convertirse en una tradición más de nuestra ciudad.

José Ignacio Palacios Zuasti. Exconsejero del Gobierno de Navarra.


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