"Si todos coincidimos en que su experiencia aporta valor, la siguiente pregunta que toca formularse es qué hacemos, entonces, con ellos o dónde los “colocamos” para que no estorben y luzcan"
No es 9 de noviembre ni huele a violetas, pero por cortesía del presidente José Luis Rodríguez Zapatero volvemos a tener encima de la mesa el viejo asunto recurrente, casi estacional, de qué hacer con los jarrones chinos, expresión que utilizaba el también presidente Felipe González para referirse a la figura de los expresidentes. Si todos coincidimos en que su experiencia aporta valor -una de las dudas a resolver sería si lo es a perpetuidad o no-, la siguiente pregunta que toca formularse es qué hacemos, entonces, con ellos o dónde los “colocamos” para que no estorben y luzcan. O, mejor aún, “nos” luzcan a todos. Porque no, no se trata de asegurar su provecho personal, cuestión que parece harto garantizada, sino del rédito que puedan proporcionar a los intereses del país. Estos mismos interrogantes y otros tantos me los planteaba hace casi 20 años cuando en la elaboración del trabajo para conseguir la suficiencia investigadora escribía sobre la figura de los expresidentes.
El interés que los últimos acontecimientos ha suscitado en los medios y el hecho de que alguno de ellos haya querido recabar mi opinión sobre el particular, me ha obligado a desempolvar ese trabajo publicado en 2008 por el propio Boletín Oficial del Estado.........
