"Y con cierta culpabilidad retomas tu camino pensando en qué será de esas mujeres que has dejado sentadas en sus propios presentes. Maldito cáncer, qué miedo da"
Conocí a un profesor de autoescuela que tenía más sabiduría que media biblioteca pública. Compartimos horas de coche —muchas— y siempre te regalaba una píldora que iluminaba por dentro. Ángel se llamaba. Cruzaba los brazos sobre el pecho, te miraba fijamente desde el asiento del copiloto y soltaba: “González (era de los que llaman por el apellido), en este país nos equivocamos todos. Mucho. Mira por la ventanilla, tu no sabes si ese de ahí se ha sacado el carné a la primera, a la quinta o a la décima.........
