El mandarín Sánchez
La política tacticista que necesita alimentarse de los conflictos geopolíticos para sobrevivir tiene unas consecuencias nefastas para el papel internacional del país
Sánchez inicia hoy viaje a China para reunirse con Xi Jinping y sondear nuevas inversiones
Para un maestro de la distracción, como es Pedro Sánchez, no podía haber duda. Nada mejor para escabullirse del juicio a Ábalos y del punto final de la instrucción contra Begoña -que acabaría siendo imputada, como así ha sido-, nada mejor que montar un viaje a China, con todas las dosis de expectación y provocación que lógicamente generaría.
De entrada, China es China y un viaje con reunión asegurada con el presidente Xi Jinping, sobre todo en los momentos actuales, es una garantía para copar la atención periodística y a la vez oscurecer el resto de noticias, especialmente las más molestas. Además, es evidente que, por intereses mutuos (a China le va de perlas la validación que le hace Sánchez), el viaje vendrá cargado de acuerdos comerciales que, si bien no conseguirán neutralizar el déficit que España tiene con China - 42.278 millones de euros en 2025, el 74% del déficit comercial español-, siempre serán bienvenidos. Dicho y hecho, a Sánchez solo le hacían falta 12 horas de avión y 9.000 kilómetros recorridos para matar a tres pájaros de un tiro: llevarse lejos a Begoña el día de su imputación; desviar el foco de los casos judiciales abiertos; y poder presentar acuerdos comerciales relevantes. Ciertamente, como táctica de trinchera para el día a día en el que está inmersa la presidencia de Sánchez, la jugada es muy buena. Nuevamente, pues, la política exterior española queda modelada y forzada por las necesidades de huir de una política interior, que es de recorrido imposible. Sin presupuestos, ni mayorías parlamentarias y rodeado de problemas judiciales, nada mejor que pelearse con Trump, caer simpático a los ayatolás, hacer manitas con el imperio chino y vestirse de Gandhi con chulapa.
Todo está bien..., si la política se ciñe al simple arte de la supervivencia, un resistir es vencer llevado al extremo. El problema, en cambio, es que esta política tacticista que necesita alimentarse de los conflictos geopolíticos para sobrevivir tiene unas consecuencias nefastas para el papel internacional de un país. Y aquí es donde Pedro Sánchez pasa de ser un aprendiz de estratega a ser un insensato. Fundamentalmente, porque no se basa en una concepción sensata de equilibrios, sino en un desequilibrio de filias y fobias que resulta nefasto. Las derivadas son tan obvias que, realmente, sorprende hasta qué punto Sánchez ha entrado en una carrera desbocada. Podemos hablar del Líbano, de Irán, de la misma China, y en todos los casos, su política se convierte en un enorme escándalo. Por ejemplo, ¿cómo puede plantarse en China y decir que «China hace mucho y lo celebramos, pero puede hacer más exigiendo como hace que el derecho internacional se cumpla»? ¿Cómor? ¿La misma China que ha sostenido la guerra de Ucrania gracias al apoyo a Rusia? ¿La misma China que mantiene a cerca de un millón de uigures musulmanes encerrados en campos de internamiento en la región de Xinjiang? ¿La misma China que tiene a tres millones de uigures sometidos a programas de trabajos forzados? ¿La misma China que es la proveedora clave de armamento de las juntas militares del Sahel africano? ¿La misma que mantiene a Taiwán en una situación de acoso permanente y asegura que no descarta la fuerza para garantizar la «reunificación», es decir, la ocupación total?
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Y si pasamos por el resto de conflictos, la cosa todavía empeora, porque el problema no es la crítica a unos, sino la carencia absoluta de equilibrio. Una cosa es criticar la guerra y otra, que Irán te haga homenajes con tu cara en misiles; una cosa es criticar a Trump y otra, ir corriendo a hacer manitas con Xi Jinping; una cosa es criticar la situación en el Líbano y otra, ignorar el terrorismo de Hezbolá; una cosa es criticar a Israel y otra, que una organización que ha hecho una masacre como Hamás, te felicite. Y así un largo etcétera. Por eso Pedro Sánchez -es decir, España- se queda fuera de las reuniones importantes, por eso quedó fuera de la reunión de Londres de 35 democracias para actuar contra el bloqueo de Ormuz, y por eso mismo The Times y Euronews lo han tildado de oportunista, Le Figaro ha alertado de su viraje prochino y el Frankfurter Allgemeine Zeitung ha dicho abiertamente que Sánchez está viviendo un «ocaso» en política exterior. Desde la perspectiva de la propaganda sanchista, su gestión internacional es un éxito evidente, pero en cuanto a los intereses del país que preside, es un desastre.
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