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Anacoluto

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02.04.2026

José Francisco Conrado de Villalonga

Todos, a veces, empezamos una frase de una manera y la terminamos de otra. Seguramente, es más humano caer en el anacoluto que hablar sintácticamente, que resulta artificial y probablemente más rígido

Anacoluto / Crédito: Pixabay/CC0 Public Domain.

En una animada reunión en la que intervenían un grupo personas conocidas, me entretuve observando los temas que salían a colación y, sobre todo, la forma en la que se estructuraban las frases, en cómo se respetaba o no el rigor gramatical. En la mayor parte de las conversaciones, el inicio de la oración no concordaba con final, los hablantes, seguramente, cambiaban de idea en mitad de la frase y la coherencia de la oración quedaba «colgada»; en consecuencia, se difuminaba, o burlaba, el cometido que inicialmente pretendían trasmitir. Costaba mucho seguir las argumentaciones y, en algún momento, perdía el contenido de fondo de la conversación. Llegué al convencimiento de que pensamos más rápido de lo que hablamos, o al revés, hablamos más rápido de lo que pensamos. Ocurría que, algunas veces, empezaban con un enunciado de algo y en medio de la frase se reorganizaba la idea, lo que se quería transmitir «descarrilaba». Por ejemplo, una chica dijo: «Yo, cuando voy al cine, las palomitas me gustan saladas», y otra le contestó: «Yo los domingos eran lo peor». Vale, y…........

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