Julián Álvarez, bohemio y soñador
Opinión | MIEL, LIMÓN & VINAGRE
Julián Álvarez, bohemio y soñador
Tras protagonizar un culebrón turco, el argentino seguirá en el Atlético después del veto rojiblanco a su ‘sueño’ de jugar en el Barcelona, con una cláusula de 500 millones por barrotes y el perdón del Metropolitano como única redención
Puede que usted se sienta ahora como Julián Álvarez. Un trabajador que ha vuelto a la rutina contra su voluntad. Su deseo era estar en un paseo marítimo con el móvil en modo avión. Le gustaría rebobinar unos días para pedir que le busquen, como al argentino, una transferencia. Porque cambiar los sueños por madrugar temprano va contra los Derechos Humanos. En el fondo, todos somos un poco Julián buscando una salida del cholismo y de la monotonía del partido a partido para entregarnos al fulgor del Barça de Flick, donde todo se vive aceleradamente.
Hay una deshumanización de los futbolistas millonarios. En un deporte atrapado en la pulsión, se le pide al jugador endiosado que sea un oficinista. Que se olvide de los pájaros en la cabeza que han alimentado las aficiones. Son el alpiste de un negocio que ha sobrevivido creando héroes y villanos. Julián ha pasado rápido de una categoría a otra, como es habitual en un fútbol moderno donde las personalidades fuertes han quedado encorsetadas en entornos más poderosos.
Ni siquiera las rebeldías son ya lo que eran. Les falta el óxido de un burofax a deshora que llega al trantrán a la oficina del club poseedor. Ahora hay que sobreinterpretar los mensajes de los agentes, grandes beneficiados de........
