El ‘No a la guerra’ como dogma
El ‘No a la guerra’ como dogma
El 'No a la guerra', proyectado en el mitin de Pedro Sánchez del pasado sábado en Soria. / Concha Ortega Oroz / Europa Press
Oponerse a la guerra suele despertar consensos rápidos y reconfortantes porque descansa sobre una afirmación moral difícilmente cuestionable: la guerra es mala. Siempre. Y lo es porque destruye vidas, arrasa territorios y proyectos de futuro, y activa una lógica de brutalidad difícilmente compatible con cualquier ideal humanista. Pero reconocer su maldad no basta para evitarla o impedirla.
Esta oposición, además, suele ir acompañada de una apelación sistemática al derecho internacional, elevado a la categoría de dogma. Se invoca como si, por sí solo, bastara para contener las ambiciones, los conflictos y las rivalidades entre Estados. El problema no es que esa aspiración exista -de hecho, es deseable-, sino confundirla con una descripción del funcionamiento del mundo cuando no es más que una creencia. Por eso, cuando se sostiene que basta con remitirse al derecho internacional para resolver conflictos como el de Irán, lo que aparece no es tanto un análisis del funcionamiento real del sistema internacional como una confianza normativa en lo que ese orden debería ser. Y, como ocurre........
