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Tu hogar como precipicio

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20.06.2026

Tu hogar como precipicio

Grupo de niños de Son Espanyolet una tarde de domingo. / A.V.

Por circunstancias, vuelvo al barrio muy a menudo. La vida es cíclica y, a veces, del todo circular en su trayectoria. Llevo años reencontrando amigas y amigos de la infancia que van volviendo, no muchos. En Son Espanyolet (o San Catalanito), esquivando a los rubiales, puedes ir encontrando a viejos compañeros que como servidor van quemando etapas cuando estas no te abrasan en el día a día. Ya hay que preguntar con mucho tacto por la salud de los correspondientes progenitores.

El otro día entré en una tienda y resulta que la ha cogido Pedro. Hacía unos cuarenta años que no nos encontrábamos ni de casualidad (Mallorca es un caleidoscopio minúsculo en el cual puedes estar decenios cruzándote sin encontrarte, basta te saquen del contexto habitual, nada es lo que parece) y mucho menos intercambiar cuatro palabras. «Volta el món i torna al Born». De esas personas que tu madre te habla cada cierto tiempo y en casa de ellos, viceversa, igual, pero que realmente la vida nunca te ha puesto enfrente en el camino con algo de calma. Te alegras sinceramente del reencuentro. Además, el local no lo ha cogido ningún vikingo, lo ha pillado un indígena como Pedro y encima en un punto emblemático de la calle que da nombre al barrio.

A este vecino siempre lo miré con disimulada curiosidad a partir de cierto momento trágico. A. N., su hermana, también, y ya no digamos a su hermano J., que fue el prota absoluto y de la........

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