Identidad alisada | Por: Arianna Martínez Fico
Por: Arianna Martínez Fico
Hace unos días participé en Teatro que Transforma, un taller hermoso, profundo y liviano a la vez. No imaginé que terminaría reflexionando sobre mi cabello.
Al día siguiente me tomé una foto con el cabello liso, que es como lo llevo desde hace más de treinta años, y le pedí a ChatGPT que generara una versión con el cabello rizado, que es como fue hace mucho. Cuando vi la imagen, me quedé en silencio.
Con el cabello liso me veía conocida y aprobada. Con el cabello rizado me veía muy extraña… y bella.
Y entendí que esta historia no empieza hoy.
Desde el Conuco | El arte del silencio | Por: Toribio Azuaje
La guerra de Irán vista desde Venezuela | Por: David Uzcátegui
LA INELUDIBLE ELECCIÓN PRESIDENCIAL | Por: César Pérez Vivas
Claro y Raspao | COMITÉ DE POSTULACIONES DEL PODER CIUDADANO FASE I: RECEPCIÓN DE POSTULACIONES
Había una vez cuando era suficiente
Hasta los siete años fui una niña feliz de cabello rizado que corría por las calles de un apacible y cálido campo petrolero, sin preguntarse si su pelo estaba “bien”. Mis rizos eran parte de mi movimiento, de mi espontaneidad, de mi identidad, de mi manera de ser en el mundo y mi energía vital.
Algo cambió cuando nos mudamos a la capital y empecé a estudiar en uno de “los mejores colegios”.
Comentarios. Burlas. Maestras que me peinaban frente a todos. Miradas que excluyen y duelen. Aprendí que lo correcto era tener cabello largo y liso, muchas veces incluso rubio.
Durante muchos años asocié mi pelo con una persistente sensación de inadecuación. Como si hubiera algo en mí que debía corregirse. Me volví insegura, tímida y torpe.
Creía genuinamente que mi vida daría un giro y volvería a ser la niña de antaño si lograba convencer a mis padres de cambiarme de colegio y tener el pelo liso. Obviamente, no logré conseguir ninguna de las dos........
