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El coraje de los moderados | Por: Arianna Martínez Fico

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28.05.2026

Hace un par de meses tuve la oportunidad de acercarme a la obra de Diego Garrocho – filósofo, escritor y profesor universitario español- y, además, compartir con él en un círculo de lectura organizado por Efrén Rodríguez, quien lidera la comunidad OcioMAD en Madrid.

La conversación giró alrededor de una palabra que, confieso, nunca había ocupado demasiado espacio en mis reflexiones: moderación.

Durante mucho tiempo asocié la moderación con algo parecido a la tibieza. Con posiciones cómodas y una cierta dificultad para tomar partido.

Mientras escuchaba a Garrocho y conversábamos sobre su obra, empecé a mirar esa palabra desde otro lugar.

Moderarse, más que disminuirse, tiene más que ver con sostener la complejidad y resistir la urgencia de reaccionar inmediatamente.

Con permitir que dos ideas aparentemente opuestas convivan el tiempo suficiente como para que aparezca una comprensión más profunda.

Eso me tocó un lugar inesperado. Muchos años antes de dedicarme al mundo organizacional, estuve vinculada a lo público y a la actividad política. Y si hubo algo que me atrajo entonces de una determinada forma de entender la acción pública fue precisamente esa búsqueda de integración.

La posibilidad de no tener que elegir necesariamente entre extremos. La intuición de que existía un espacio donde podían convivir libertad y responsabilidad, transformación y cuidado, individuo y comunidad.

No quiero hacer aquí una reflexión política ni ideológica, pero sí reconocer algo que hoy aparece con fuerza para mí y es que, tal vez, hemos subestimado el valor de la moderación. Especialmente en tiempos que parecen premiar la contundencia antes que el matiz.

Creo que parte del problema está en que hemos confundido moderación con ausencia de posición. Con indecisión, con comodidad, con neutralidad, con “guabineo” como diríamos en mi Venezuela natal.

Y creo que ahí hay una injusticia. Moderarse no necesariamente implica querer quedar bien con todos, ni ubicarse siempre en un punto medio o evitar el conflicto.

Moderarse puede exigir muchísimo coraje.

El coraje de escuchar antes de refutar, de sostener una conversación cuando sería más fácil retirarse, de reconocer que el otro puede tener una parte de verdad sin que eso invalide la propia.

Mientras participaba de esta conversación y seguía pensando en ella después, me di cuenta que esta idea me resultaba más familiar de lo que creía.

Empezando la universidad, hubo una forma de entender el mundo que me marcó. Como cosmovisión -incluso más que como adhesión partidista- me sedujo una tradición de pensamiento inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia que........

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