La ruleta rusa del capitalismo algorítmico | Por: Antonio Elizalde
Por: Antonio Elizalde
Hay periodos que no se delatan por sus gestos grandilocuentes, sino por sus trampas menudas. El nuestro, por ejemplo, eligió la inteligencia artificial como credo, fetiche y coartada para seguir acelerando sin mirar el abismo. Así estamos: festejando pactos sin obligaciones, ovacionando números rojos disfrazados de apuestas visionarias y suponiendo que una estafa piramidal aguanta para siempre si la devoción al crecimiento no flaquea, como si fuera un rito sagrado.
La IA sirve, desde luego. Pero el espejismo también. Y el capitalismo, prestidigitador de oficio, halló en ella su número final: transformar la angustia en relato de avance. Tras lo ocurrido en 2008, el sistema requería otra fábrica de prodigios, y la ubicó en los chips, los algoritmos y las notas internas que prometen el paraíso sin firmar garantía alguna. Es el viejo ardid del mago agotado: cegar al público con reflectores mientras oculta la mano que tiembla.
A la vez, el imperio estadounidense —ese veterano actor que ya olvidó su libreto, pero se niega a abandonar las tablas— apuesta a que la IA lo mantendrá a flote. Si su hegemonía........
