La indignación necesaria frente al doble estándar global | Por: Antonio Elizalde
Hay momentos en que la conciencia moral obliga a hablar con claridad, incluso cuando el terreno es incómodo. Quiero partir estableciendo algo sin ambigüedades: no comparto ni simpatizo con el régimen iraní. Su estructura teocrática, su autoritarismo, la represión sistemática de derechos humanos y los crímenes cometidos por sus aparatos de seguridad son hechos que merecen condena categórica. Lo fueron en el atentado contra la AMIA en Argentina, lo son en la represión sangrienta de los últimos levantamientos, y lo seguirán siendo mientras persista un sistema político que niega libertades básicas.
Pero reconocer esa realidad no me obliga —ni debería obligar a nadie— a aceptar sin cuestionamiento la intervención extranjera, ni mucho menos la legitimación de asesinatos selectivos cometidos por potencias que actúan al margen del derecho internacional. Que uno rechace un régimen no significa que deba aplaudir que otro país se arrogue el derecho de decidir quién vive y quién muere en su territorio.
El problema moral de la “guerra........
