Identidad santa
Creado: 30.03.2026 | 06:00
Actualizado: 30.03.2026 | 06:00
Dicen que el alarde procesional de la Semana Santa es seña identitaria del lugar. Dale con lo identitario, dale que dale. Y que, en consecuencia, debe exigirse implicación y ayudas a instituciones públicas a las que, por tanto, de nada les vale ser aconfesionales por ley y tener prohibido acostar en la misma cama a Dios y al César, aunque una vez más se pondrán a cantar a dúo un alcalde y un abad aquello «de la alforja hasta el jumento, todo es bueno pal convento», uno por sacar cuartos sin cuento y otro por pillar votos a cientos, declarando así oficialmente que las procesiones son signo identitario de este pueblo y metiendo en esa identidad a la otra parte del pueblo que no cree, no practica, aborrece o lucha por la obligada laicidad de lo público. Y es que por lo mismo que se asegura que una procesión del Santo Cristo de la Quinta Angustia en Agonía del Gólgota es un signo identitario de lo leonés, puede decirse que la bufonada de Nuestro Santo Padre Genarín no es menos identitaria para ese otro montón de pueblo también encantado en practicar el nazarenismo, pero en mofa y pedo con patraña chungalí y tumulto que ya cumple un siglo. No parece razonable, pues, imponer de identitaria una parte de la copla a la otra parte que prefiere el contracanto, porque eso, y ya de antiguo, acaba conduciéndonos a lo no deseable, a una confrontación de identidades, al cristazo limpio con lo identitario... o a emitir un futuro carnet de identidad con apellidos: Rojo, Azul, Creyente, Ateo, Vegano, Liberal, Queer, Cabestro... porque identidades haberlas haylas y a patadas se dan, se sirven o se rifan. Y es que cuando se busca la identidad en el pasado (mitificándolo y a veces inventándolo), sólo se acaba encontrando el negar al otro o excluir lo distinto. ¿Seremos capaces de apostar lo identitario a un futuro que sea más grande que este presente preso de historias? Porque a esa identidad se le hace nacer de la raza, la historia, el lugar o las costumbres, pero jamás puede terminar ahí. Jamás. La identidad se crea, no se hereda ya cerrada, ni reside sólo en lo muerto. Sólo es identidad la que dibuja el camino que mañana tengamos que andar juntos.
