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Laicistas desnortados

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06.04.2026

06 de abril 2026 - 03:07

Lunes de Pascua. Dios ha resucitado y las hordas laicas se retiran a sus madrigueras hasta Navidad cuando volverán con sus chanzas de la paloma, contarán que Jesús era un inmigrante palestino, dirán que los Reyes Magos no eran reyes y se solazarán en su onanismo argumental con su retahíla de gastadas ocurrencias de baratillo. En Semana Santa, aunque esté más oxidado que los chistes de Jaimito, siguen con el de pasear muñecos y llaman trozos de madera a las tallas devocionales. Como son un poco tarugos se identifican con la materia prima más que con la joya estética de la imaginería.

Además, este año tienen más trabajo porque viene el Papa. Haremos oídos sordos a sus quejas sobre la ocupación del espacio público, el gasto incurrido con sus impuestos y toda la sarta de quejidos laicistas. Como si los católicos no tributáramos o el espacio público nos estuviera vedado a diferencia de a los ateos, agnósticos, indiferentes y resto de creyentes.

Lo más epatante de este asunto es que sigan sin enterarse de que esos ataques, y no sólo en redes sociales porque basta leerlos en prensa o escucharlos en radio y televisión, sólo demuestran el profundo desconocimiento que poseen sobre la sociedad en la que viven. Amén de espolear aquello que detestan que cada día es mejor visto. Nada hace más por la expansión de una idea o comportamiento social que intentar prohibirlo o despreciarlo desde la soberbia intelectual.

La Semana Santa andaluza es una expresión popular del catolicismo. Religión y folclore. Pero, sobre todo, una profunda manifestación de sentimiento. Y como tantas otras, también atacadas por esa izquierda tan creída de una supuesta superioridad intelectual que sólo es soberbia de aprendiz, la Semana Santa es una muestra palpable y viva de identidad común. Compartimos un lugar emocional que nos identifica con la familia, el colegio, el barrio… La esencia de la comunidad. El hilo invisible que nos une a nuestros mayores y que recoge toda nuestra historia compartida. Un espacio vital común donde si no estamos, añoramos estar. La ráfaga de emoción que nos llega a lo más hondo. Y además, es indiferente la ideología política y a veces, hasta la solidez de nuestras creencias. Porque ni confronta, ni enfrenta, une en la cercanía y acorta las distancias.

Todo eso es lo que no entienden los apóstoles del laicismo. Esa religión sin dios que sale a hacer el ridículo cada primavera.

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