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Jerez y San Fernando en el Día del Instituto de las Reales Academias de Andalucía

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29 de abril 2026 - 05:38

La anual celebración del Día del Instituto de Reales Academias de Andalucía es un diagrama de la propia identidad de estas doctas instituciones culturales. Cada edición localizada y focalizada en un punto geográfico diferente cumple su destino categórico: sincronizar la armonía programática y la unidad de objetivos de las Reales Academias (que además poseen el alto patronazgo -como función constitucional- del Rey de España). El Día del Instituto tiene algo de adicional alianza. Existe como un venerable temple donde el magisterio de las formas combina -sin pliegos de descargo- con la elegancia del ser en primera y segunda y tercera persona del plural. Nada flota entonces de modo fastuoso o desbordante. Muy al contrario: emerge el canon de la justa medida. La antítesis, por descontado, de la cautividad del pensamiento. Antes bien sí la solvencia corporativa. Los académicos de Andalucía congregados por su propio código de valores. Un mirador hacia dentro y un observatorio hacia afuera con arreglo a la fronteriza relectura de la formación y la información que no atiende a mecanismos selectivos. Cuando el presidente del Instituto anuncia la fecha de esta conmemoración, ninguna inclemencia gráfica se derrama en negro sobre blanco sobre nuestra agenda (física). Las conversaciones que se establecen entre académicos durante los intermedios, en el ínterin, jamás pecan por defecto: esto es: los diálogos ni por asomo sostienen la fragilidad de lo epidérmico o lo insuficiente…

Entendimiento por lo común unánime y decisiones que operan como bisagras de cara a las administraciones. En el Día del Instituto se demuestra -de cabo a rabo, de pe a pa- cómo el rigor y la tradición -el trabajo constante y sonante de los intelectuales andaluces- tambien cuenta con su parlamento de transversalidad y con el asueto de un recreo al aire libre. Durante el desarrollo del Día del Instituto confluyen simbólicamente, al menos para quien suscribe, las páginas de obras tales ‘El tema de nuestro tiempo’ o incluso ‘En torno a Galileo’, obras de José Ortega y Gasset o el magistral libro de Julián Marías ‘El intelectual y su mundo’. El pasado sábado el Día del Instituto de Reales Academias de Andalucía tuvo lugar en Granada. La salutación correspondió a la alcaldesa Marifrán Carazo Villalonga. Presidieron el nuevo presidente del Instituto José Escalante Jiménez; el presidente de la Academia de Ciencias Matemáticas, Fisicoquímicas y Naturales de Granada Francisco González Lodeiro y la directora general de Planificación de la Investigación de la Conserjería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía Loreto del Valle Cebada. Recibió la Medalla de Honor del Instituto Ramón Gutiérrez Jáimez y la conferencia ‘La ciencia en el imperio español’ fue dictada por el profesor emérito de la Universidad de Granada Eduardo Battaner López.

Adelaida Bordés Benítez, secretaria de la Real Academia de San Romualdo (San Fernando) y Francisco Antonio García Romero, vicepresidente de Letras de la Real Academia de San Dionisio (Jerez de la Frontera), allí presentes, me responden, al efecto de esta columna periodística, dos cuestiones. ¿Qué aporta o por qué creéis que es necesaria la anual convocatoria del Día del Instituto y qué destacáis de la jornada de este año en Granada? Habla Adelaida: “Creo necesaria la asistencia a esta convocatoria anual. La puesta en común con respecto al orden del día establecido resulta enriquecedora, ya que las Academias aportan sus inquietudes, sus dudas, para que esta información sugiera una vía hacia la solución. De este año destaco la agilidad en el diálogo, la centralización de cada punto y la brevedad del acto -menos de noventa minutos- en cuanto a que éramos muy pocas menos de las veintinueve Academias que integran el Instituto”.

La repuestas de Francisco Antonio: “Sin duda es muy conveniente, obligada incluso, esta reunión anual, en la que se certifica y afianza la presencia de las Reales Academias en medio de nuestra actual sociedad, tan ayuna de esos valores culturales imperecederos, por sólidos y humanísticos, que defienden y representan nuestras corporaciones. Súmase a esto el reconocimiento que merecen -y que en estas convocatorias reciben- algunos de nuestros más insignes académicos (léase aquí, por ejemplo, don Francisco Fernández García-Figueras) por una vida entregada a esa cultura universal, santo y seña del Instituto. Y tampoco hay que desdeñar la importancia de la reunión para poner en común las dificultades y retos, así como la posibilidad de pedir ayuda de diverso tipo para la realización de nuestros objetivos. De este año destaco especialmente el ambiente tan cordial y grato entre colegas de disciplinas tan variadas (desde Medicina a Bellas Artes o desde Matemáticas a Veterinaria y Agricultura), siempre dispuestos a colaborar y a asistir a los compañeros en las dificultades propias de unas actividades hoy, a veces, tan ‘a contracorriente’. Y no es baladí el consejo de otros más expertos cuando se trata también de relaciones con la administración autonómica. Y, en cualquier caso, amicis quaelibet hora, para los amigos cualquier hora es buena”.

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