Tiros al aire
22 de marzo 2026 - 03:09
Qué importantes son los títulos. Tanto como las imágenes que mienten más que mil palabras. Más que prólogos bien intencionados. Más que los textos de las contraportadas, reducidos a gancho publicitario. Los buenos títulos definen, llaman, expresan, identifican, seducen, resumen el contenido de un libro. Bueno, no todo son alabanzas, los títulos a veces engañan y prometen lo que después no dan.
Tengo entre mis manos, lo suelto y lo vuelvo a coger, un libro de título redondo: Tiros al aire (Pie de página, 2026) del poeta Víctor Jiménez ilustrado con doce aguadas del también poeta José Mateos. Y digo que el título es redondo porque los tiros al aire, aparentemente inútiles, son el sonido de la alegría en las fiestas, de la advertencia en el peligro, de la afirmación, del desafío, de un premeditado error, de la vida. Qué otra cosa es la poesía que esa mezcla de tiros al aire y balas perdidas en busca de la verdad más escondida.
Recoge este poemario soleares, letras flamencas que como ocurre con el cante de verdad, tienen tal hondura que parecen sencillas, naturales, escritas desde siempre, cantadas por alguien con la vida y la voz rota y a la vez intacta. Tienen el peso de una herencia valiosa de las de aquel tiempo en que las letras flamencas pertenecían a las estirpes que las cantaban y transmitían de generación en generación con su propio estilo de cante. Tienen la emoción y el desconcierto de la vida. Son caricia y punzada. Sólo leyendo el flamenco, estas letras melancólicas en su mayoría, de apenas tres versos y mil relecturas, se entiende eso que dicen con tanta insistencia los gitanos en las fiestas pidiendo silencio: vamos a escuchar señores, vamos a escuchar…
Es Victor Jiménez un poeta clásico, alejado de modas y ruidos, de una extraña serenidad que nos llega a todos. Escojan a quien cantarle esta soleá del libro: “No te vengas tan arriba, / que de bajarte los humos/ siempre se encarga la vida”. O estos versos reflexivos: “Siempre tuve la creencia/ de que estar bajo los focos/ es llevar la luz a cuestas”. O estos de amor: “Mejor, perdernos de vista. / cada vez que estamos juntos/ acaban saltando chispas.” O “De aquel amor nos quedó/ un corazón por los suelos. / Y no fue tu corazón”. Pregúntenle al poeta: “¿De qué fuente son los versos/ que a tu vida le dan agua/ cada vez que estas sediento?”. Sí, este libro contiene los silencios del flamenco, su voz interior.
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