Cuidado con agitar las pasiones
Un profesor de Relaciones Internacionales que intentaba que los alumnos de Periodismo de mi generación aprendieran algo útil advertía de que las decisiones políticas no pueden explicarse únicamente a través de los cálculos racionales de interés y poder. Y sugería, siguiendo las teorías del jurista y politólogo francés Marcel Merle, que era necesario también tener en cuenta las pasiones, es decir, el sentimiento nacional, los miedos, los prejuicios, el orgullo, el resentimiento o el odio de los actores políticos, que pueden acabar teniendo tanto peso en las decisiones que afectan a una sociedad como la más razonada estrategia política.
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