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Llegar de Can Fornet a Jesús sin coche

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23.03.2026

Eran las 10.30 de la mañana del sábado e iba hacia el trabajo. Pasaba con el coche por el camí de Can Fornet, con mil ojos puestos en esa carretera en la que ha habido tantos accidentes. No entiendo por qué la gente circula por la mitad y rápido al pasar cada curva.

Ese día, vi a una persona apoyada en la pared payesa. Estaba a la altura de una señal que marca la primera curva de mi ruta, no lejos de la que obliga a ir a 40 pero, como ya se imaginan o saben, nadie hace caso. Era una mujer de pelo blanco.

Nunca paro. Ni siquiera me fijo en la cara de quien levanta el dedo a los conductores. Evito hacerlo porque, si miro, me siento mal por no poner de mi parte. La mayoría de veces se debe a que suelo salir de casa un poco justa de tiempo. Sé que suena como cuando alguien dice que no te saludó porque no llevaba las gafas, pero en serio. Mejorar mi puntualidad suele ser un propósito de año nuevo cada año.

Total, que mis ojos aún no se habían detenido en su cara y ya estaba preguntándole a dónde necesitaba ir. «A Jesús», respondió. Aunque no tenía previsto pasar por el pueblo —tengo comprobado que se llega antes si se toma el desvío hacia la EI-300—, le dije que subiera.

Se llamaba María y esperaba en el punto en el que la recogí desde las 8.30 de la mañana. Me dijo que, al ver que nadie paraba, estaba a punto de irse caminando. Tenía que hacer unos recados y su hijo estaba enfermo y no la podía acercar: «No sé conducir y aquí no hay manera de que llegue un taxi», lamentó. «Por aquí tendría que pasar el autobús», añadió. Le aseguré que la entendía. Pero, aunque el 1 de abril esté en marcha el nuevo servicio de transporte público de Ibiza, no veía aquello posible.

Antes de sacarme el carnet, ya traté de explorar todas las opciones para llegar a Vila. Ahora me encuentro a atrevidos que lo hacen subidos a un patinete eléctrico. Además de parecerme una locura, me llevo las manos a la cabeza al ver la velocidad a la que van. Si no es por su propia seguridad, pido a los conductores que aminoren al menos por si un día María baja caminando.

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