La diversidad del cine español
Como profesional suelo seguir con interés lo que se dice en torno al estreno de una película o de una obra de teatro, indistintamente de si luego iré o no a verla. Me interesa conocer la opinión sobre casi todo lo que se estrena. Como soy consciente de lo que cuesta levantar un proyecto y lo mucho que se juega un productor, leo las opiniones con el anhelo de que ojalá sean buenas y que, al menos, una mala opinión no mande al traste el trabajo y el dinero de mucha gente que ha levantado aquello con la intención de que lo vea cuanta más gente mejor.
Estos días se ha estrenado en los cines ‘Torrente, presidente’ y, como suele ser habitual en todo lo que hace Santiago Segura, el estreno ha ido acompañado de un ‘totum revolutum’ que ningún otro director español consigue, ni siquiera el aclamado Almodóvar, que también ha estrenado película. El madrileño logra agitar opiniones muy opuestas, sobre todo con la saga de los Torrente, porque los taquillazos de ‘Padre no hay más que uno’ y todas sus secuelas no han traído la cola que ha supuesto el estreno de este Torrente tan controvertido, el cual despierta simpatías en un sector y un indisimulado rechazo en otro.
Santiago Segura ha arrastrado siempre el sambenito de hacer películas demasiado populares, como si eso fuese una falta garrafal, como si hacer cine comercial a partir de un personaje repugnante y zafio no pudiera admitirse. Segura ha ido siempre de cara y nunca ha intentado engañar a nadie; él hace lo que más le gusta y además gana dinero con ello. Me alegro por él, porque es lo que persiguen la mayoría de los directores y productores de este país. Otra cosa distinta es que sus películas gusten o no, pero está claro que a muchos les gusta porque, hasta el momento, lleva más de dos millones de espectadores. Y es que lo mejor es que hay quien no le gusta que gusten tanto. Esos tienen a Almodóvar, un cineasta premiadísimo con un universo propio y un público distinto al de Torrente.
Lo que me alegra es que el cine español sale ganando y eso se debe, como dice Ferran Boiza en su artículo ‘Del patio de butacas al campo de batalla’, a la excelente diversidad del cine español actual.
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