Por qué la Luna y por qué ahora
Es un hecho que llegamos a la Luna en 1969 gracias a la competitividad entre EE.UU. y la antigua Unión Soviética en lo que se denominó la carrera espacial. Una fina capa de barniz decoró apenas el programa de ciencia, pero no es ningún secreto que la verdadera motivación siempre fue política en el contexto de la Guerra Fría entre ambas potencias. No en vano, un único científico llegó a pisar la Luna, el geólogo Eugene Cernan. Fue en la última misión, Apolo 17, y metido a calzador por la NASA a costa de la plaza de otro astronauta para tratar de justificar a la postre un programa que siempre se anunció como científico.
Más de medio siglo después, los actores han cambiado y el lugar de la Unión Soviética lo ocupa ahora China, que anunció sus planes para llevar astronautas a la superficie lunar en 2030 y comenzar la construcción de una base permanente. Por lo que pocas dudas quedan de que el pistoletazo de salida de una nueva carrera espacial ha sonado y los contrincantes esprintan con la vista puesta en la apetecible meta final.
La Luna ofrece riquezas geológicas, minerales y otros apetecibles recursos. El hielo de agua subterráneo en su polo sur podrá ser utilizado para la elaboración de combustible para cohetes, convirtiendo el satélite en la estación de servicio perfecta desde la que partir hacia el resto del sistema solar en futuras misiones. Así que la pregunta parece oportuna: ¿volvemos a la Luna por la ciencia?
Una cosa es evidente: el que llegue primero establecerá las normas para los que vengan detrás.
