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El selfie

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28.03.2026

Hay un requisito expreso en lo que toca a definir a los medios de comunicación de “antes” y el modo de definir a la comunicación “ahora”, con la era digital. Se establece: “ahora”, lejos de los grandes medios de comunicación de masas, la “democratización” de la información hace que cada uno de nosotros sea un posible agente de información. Y de ese modo se actúa y se usa. Así, “antes” el requisito era la selección; no cualquier persona, no cualquier hecho, merecía tiempo o dedicación en los medios; ahora es la acumulación indiscriminada. Fulanita de tal por haber sido la novia del torero cual es una profesional de la difusión cercana y poco exigente. Y eso ocurre en un modo de proponerse las personas en la red global que se llama selfie. ¿Qué es?, ¿por qué es?, ¿cómo se usa? Es un auto-retrato tomado, por lo general, con dispositivos móviles. Por ello, hombres jóvenes o mujeres jóvenes coinciden ahí a fin de señalar que son bellos o bellas. Y desde esa premisa, lo que las fotos ofrecen: la posición de los cuerpos en el encuadre, la medida de elementos externos, los efectos de la luz, la ropa (nunca excesiva, por el contrario, muchas veces con el torso desnudo) o las elecciones sucintas. Por ejemplo, chico con corona o chico abrazado a una estatua antigua con su boca hacia la boca de la figura. Quienes se dan a ver son eso, eso exhiben; sin más, sin distinción preestablecida; y lo es para que se contemplen los exhibidos: el ideal de la hermosura, el ideal por la hermosura. Lo cual lleva a un requisito preso en la esencia misma de los selfies: el contemplar. Y en ese registro un asunto cardinal: el “autós” en retrato. No elegir a un fotógrafo profesional para el caso; lo que sustancia al ser aquí es que un yo se retrata a sí mismo. Registro barroco, en tanto igualdad entre el que construye, el que publica la estampa manifiesta y el que la protagoniza, como Lazarillo el de Tormes. ¿Qué pretende esa actitud?, ¿inmortalizar al sujeto que resulta del impacto? Esa es la deriva, en tanto disparo/cámara/teléfono es igual a confirmar, a guardar, a fijar la firmeza. ¿Qué se garantiza? Atrapar el instante que contiene. Y lo logran. Por ello una cosa asume el delirio circunstancial: el compartirse de manera in-discrecional. Es decir, sujetos con la sola necesidad de ser vistos de manera transitoria, fortuita. Dicho de otro modo, fulanito de tal no se muestra porque es un genio que ha de ser reconocido, se manifiesta por la absoluta avidez de ser remirado e incluso de ser valorado por el privilegio de su figura. De manera que la consigna de esta astucia del proceder es una de los lemas más apabullantes y perniciosos del “ahora”: yo en espectáculo. Y eso es el “autós” del selfie: la búsqueda y el consenso por espectáculo.


© Diario de Avisos