El carnaval de La Graciosa, BIC
El Parlamento de Canarias, según lee, consternado, este servidor, recomienda al Gobierno regional que estudie convertir el carnaval de Tenerife, el de Las Palmas y la fiesta de los Indianos de La Palma como BIC (Bienes de Interés Cultural). Sería algo así como el reconocimiento oficial del río de meadas que se produce durante dichas fiestas, principalmente en Santa Cruz, una ciudad construida en pendiente; la irritación ocular colectiva que causan los polvos de talco en La Palma; y la escandalera que no deja dormir a los vecinos en la ciudad de Las Palmas. O sea, un éxito parecido al que ya obtuvo el Parlamento de Canarias al declarar isla de pleno derecho, o casi, al islote de La Graciosa. Así, con la colaboración de los diputados tinerfeños, los canariones empataban en islas con Tenerife, 4 a 4. Ya no son siete islas, siete latidos sobre un mismo mar, sino ocho. Toma, coño. Y Venezuela es la novena isla, no la octava. Yo, para terciar en el proyecto de beatificación de la gran meada, vía Gobierno de Canarias, declararía BIC al carnaval de La Graciosa y también al de Los Cristianos, que como lo sigan estirando va a celebrar su coso el mismísimo viernes santo. En estas islas (para mí, siete) surrealistas no hay otro motivo de preocupación que culturizar el carnaval, que es la mismísima anticultura: las murgas no tienen gracia (salvo excepciones puntuales) y los actos se repiten como el lenguaje de un loro, un año tras otro, incluidas las fiestas del Casino de los Caballeros, que me parecen un coñazo. Yo me mando a mudar en el carnaval, porque no lo aguanto, y respecto a mi opinión de la poca gracia de las murgas, la dejé bien clarita con el comunicado que redacté, con mis compañeros de jurado de su abominable concurso, en tiempo inmemorial. Guárdenme un cachorro de los diputados actuantes.
