Avecindado aislamiento
05 de abril 2026 - 06:00
La morada terrenal de los días de la vida, cuyo particular fin es tan imprevisible como desconocido -mejor así-, tiene distintas formas de dar cobijo a los protocolos y rutinas de las jornadas que se suceden durante el tiempo en que se está -sentenció magistralmente Saramago que “morir es haber estado y ya no estar”. La residencia, por ello, tomada como la casa en que se vive, puede levantarse en parajes solitarios y poco habitados, o, como en la imagen, con bloques o torres donde se agrupan y superponen los pisos en las plantas del edificio. De suerte que no solo importe o determine con quién se viva -sea en buscada soledad o compañía-, sino dónde. Mas no se piense que vivir donde muchos acerca, pues el anonimato resulta de no conocer a quien reside al lado y refugiarse de puertas adentro, en avecindado aislamiento.
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