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El lado correcto de la historia

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24 de abril 2026 - 03:07

Si la historia se somete a acomodaciones, su naturaleza se altera con los atropellos de la instrumentalización. Algo de esto ocurre con el revisionismo histórico, con la reescritura de la historia, a partir de concepciones que restan crédito a las obras y fuentes si contradicen presunciones particulares y ajenas, además, al rigor de la historiografía. Todavía peor si se acude al presentismo como criterio de juicio a destiempo, pues no otra cosa es proyectar los valores del presente en el pasado, así como resignificar hechos o episodios que solo pueden entenderse, cosa bien distinta es justificarlos, en el tiempo y las orteguianas circunstancias en que acaecieron.

Es propio de los actuales tiempos posmodernos, en tal sentido, no solo un desacuerdo con la naturaleza de las verdades absolutas por universales, sino incluso la estimación de que no existen estas. También rige el subjetivismo, de modo que el pensamiento del sujeto predomina sobre la naturaleza del objeto. Subjetividad y relativismo se oponen, así, a la entidad de verdades o valores con independencia del sujeto, a los principios del objetivismo.

Viene esto a propósito del lado correcto de la historia. Y si, en términos éticos o morales, distinguir el bien del mal resulta dificultoso, no queda lejos atribuir corrección o incorreción a posicionamientos presentes que se presumen históricos en su devenir. Es más, situarse en el que se tiene como lado correcto de la historia conlleva afirmaciones de superioridad moral. En definitiva, posicionarse hoy en el lado correcto de la historia es el modo de afirmar que, en el futuro, cuando el presente haya podido fraguarse en materia histórica, la postura que hoy se adopta quedará reconocida por un consenso, entonces se dirá que sí, ajeno a subjetividades relativas. La paz y el derecho internacional son ámbitos que se prestan, especialmente, a estos señalados posicionamientos, cuyos fundamentos ideológicos se reparten en el no menos posicionado y graduado espectro de la izquierda a la derecha o viceversa. De ahí que la polarización ‒término especialmente utilizado en su denotación de orientar en dos direcciones contrapuestas‒ resulte asimismo de los posicionamientos. Y que ubicarse en el lado correcto de la historia sea, además, una forma de señalar las diferencias entre comprometidos y adversarios. No debe olvidarse, por último, que la lateralidad excluyente o divisiva afecta precisamente a las relaciones multilaterales y deteriora el entendimiento y la cooperación. En suma, el rigor histórico coloca, recoloca y descoloca los posicionamientos.

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