SUFRIR PARA ENCONTRARSE, columna de Juan Carlos Gambirazio
Ecuador llegó al Mundial con la discreción de un susurro. Empate ante Curazao, derrota con Costa de Marfil y un camino empañado de dudas. La eliminación acechaba como un fantasma habitual. Pero el fútbol, como la vida, se rige por un axioma sudamericano: lo inesperado siempre llega cuando ya no hay margen. Y así, con las espaldas contra la pared, Ecuador le ganó a Alemania. Alemania. Uno de esos nombres que pesan desde lo nominal, que obligan a jugar contra un siglo de historia. Sobre el papel, era el partido menos indicado para despertar. En la cancha, terminó siendo el único posible. No fue solo un triunfo, fue un acto de supervivencia. El gigante, históricamente invencible, se........
