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Tarragona, la más feliz de Catalunya

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01.04.2026

Creado: 01.04.2026 | 05:00

Actualizado: 01.04.2026 | 05:00

No sé si los tarraconenses –y eso incluye a Reus y demás comarcas de la provincia– somos más felices que el resto de los catalanes o solo declaramos serlo; o simplemente nos conformamos con las razones para no serlo que nos va deparando el destino.

El caso es que hemos vuelto a lograrlo. En el Informe Socioeconómico de la Felicidad en España las comarcas de Tarragona somos –con un 7,89– las más felices de las catalanas; con una ligera ventaja sobre las de Barcelona, que puntúan con un 7,73; y las de Lleida, con 7,7; y, en fin, Girona, que, pese a tener al equipo de fútbol en Primera o precisamente por tenerlo y sufrir sus desgracias, cierra la clasificación con un 7,65.

La felicidad es escurridiza y los sociólogos hablan de bienestar, pero crece con los ingresos

Al leerlo, he recordado la alegría con que los estudiantes en universidades barcelonesas celebrábamos el viernes por ser el día de vuelta a casa (la nevera llena de mamá en Tarragona ayudaba) hasta que llegaba ese viernes en que había que quedarse en Barcelona, porque el sueldo estaba allí también ya a 100 km de nuestra ciudad.

Estoy convencido de que ustedes ya habrán adivinado quiénes entre los pobladores de nuestras comarcas son los más felices. No será por dinero… ¡Pues por supuesto que es por dinero! La felicidad es un concepto escurridizo y los sociólogos prefieren hablar de bienestar, pero lo que todos tienen claro es que se dispara con los ingresos.

Quienes viven en hogares donde entran más de 5.000 euros al mes son nuestros conciudadanos que se declaran más satisfechos con su vida en la batería de preguntas sobre cómo la ven. Sacan más de un 8 los muy pillines en este examen en el que, de promedio, los fineses, suecos, noruegos y daneses de todos los niveles de ingresos han sido siempre los que mejor puntúan. Ya habrán adivinado también que los africanos suelen suspender. Y en nuestras comarcas quienes no llegan a los 1.100 euros de ingresos mensuales por hogar pues –menuda sorpresa– también suspenden en declaración de bienestar.

La pobreza duele menos en un pueblo que en una ciudad y, cuanto mayor es la ciudad, duele más

Lo que tampoco es sorprendente, pero sí reseñable, es que la pobreza duele menos en un pueblo que en una ciudad y, cuanto más grande es la ciudad, duele más. Al menos eso indican las declaraciones de bienestar de pobres y ricos en poblaciones de diferentes tamaños de nuestras comarcas. Y si los trenes funcionaran bien, la solución al problema de la vivienda estaría precisamente en vivir en pueblecitos, aunque el trabajo –teletrabajo mediante, además– estuviera en la gran ciudad.

Ahora les confesaré que a uno le sale la barba más gris que el trasero de un koala. Que tengo unos añitos, en fin. Y que vi al Nàstic en Primera y a mi padre dar la bienvenida a Tarradellas en el Ayuntamiento de Tarragona. Y a mi madre manifestarse por la Rambla pidiendo una pensión para las viudas.

Por eso me ha hecho especial ilusión lo que les contaré ahora: ¿quiénes son más felices, los jóvenes, los maduros o los post-maduros...?

Pues los que hicimos la EGB, amigos. Uno de los rasgos comunes en las encuestas internacionales sobre bienestar es que, tras sufrir un bajón entre los 30 y los 50, que lidian con hipotecas, e hijos niños y adolescentes, nuestra curva de la felicidad va aumentando hasta que la armonía y tranquilidad que da la madurez se transforma ya en los 80 en achaques de la vejez.

Solo puedo añadir, después de años de entrevistas, que he coleccionado algunas respuestas sugerentes a la pregunta de cuántos años tiene usted. «Cumplir años apesta –suelen repetir los americanos– pero la alternativa es peor»… Los alemanes suelen ser más sofisticados desde Thomas Mann en la percepción del tiempo: «Nada mejora con los años excepto que cada vez te importa menos lo que empeora».

Añadiría como peculiaridad que aquí se disfruta de un ‘Tarraco Time’ que cambia el ritmo de la vida solo con tocar el suelo de nuestro territorio. Puedes experimentarlo incluso en los mensajes de voz que te dejan en el móvil los amigos. Secos y escuetos los barceloneses; pausados y repletos de ‘Xeics, xiquet’ con pausas amables los de aquí. No me refiero a las conversaciones telefónicas, porque me temo que delatan al boomer. Y es que los de 30 para abajo prefieren no molestar –o no molestarse– y ya solo te dejan mensajes de voz.


© Diari de Tarragona