La izquierda democrática que todavía no se construye
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Durante la última década, algunas democracias han intentado responder una pregunta equivocada:
¿cómo derrotar al populismo?
Tal vez deberíamos formular otra:
¿qué tendría que hacer la democracia para que los ciudadanos dejaran de necesitar al populismo para sentirse escuchados?
La diferencia es enorme.
El populismo no es solamente una ideología ni una estrategia electoral.
Es también un síntoma.
Aparece cuando millones de personas sienten que las instituciones ya no las escuchan, que la economía funciona para otros; que los partidos dejaron de representarlas, que las decisiones importantes se toman demasiado lejos de ellas, y que los gobiernos son incapaces de resolver los problemas cotidianos.
Will Marshall acaba de plantear en The Hill una pregunta difícil para Estados Unidos:
¿qué representa hoy el centro-izquierda?
Su argumento es que no basta con oponerse al presidente ni con defender las instituciones.
Una fuerza democrática necesita explicar para qué quiere gobernar.
Necesita proyecto, no solamente resistencia.
La pregunta va más allá de Estados Unidos.
La socialdemocracia europea atraviesa desde hace años una crisis semejante.
Y América Latina experimenta su propia paradoja: después de dos grandes olas de gobiernos progresistas, persisten desigualdad, inseguridad, baja productividad, instituciones frágiles y una profunda insatisfacción con la democracia.
Un análisis reciente sobre los progresismos........© Detona
