El bisnieto del ahuizote
EL GRABADO DE PORTADA: "La Danza del Dólar y el Aguacate"
(Grabado digital en alto contraste, se muestra al Secretario de Economía, Marcelo Ebrard, vestido con levita porfiriana decimonónica, sudando frío mientras sostiene un enorme aguacate mexicano con un escudo de sanidad.
Al frente, un gigante Tío Sam con el rostro del nuevo comisionado comercial de EE. UU. le da cuerda a un reloj de arena donde el "Súper Peso" se derrite y se transforma en un billete de $18.00 pesos.
Al fondo, la Estatua de la Libertad revisa con lupa los pasaportes filtrados de Aeroméxico).
Epígrafe del Grabado: "¡Más cerca del acuerdo, más lejos del bolsillo! Don Marcelo jura que estamos a un paso del idilio comercial con el Norte, mientras el billete verde rompe el techo de los 18 de un solo brinco.
Al aguacate le piden pasaporte sanitario, pero a los datos de Aeroméxico los hackean sin pedir permiso.
¡Cosas de la modernidad!"
SECCIÓN EDITORIAL: "La República de la Piel Delgada"
¡Y volvieron a abrir el calabozo! Los burócratas de la nueva era juran con la mano sobre la Carta Magna que las reformas punitivas no persiguen al meme, sino al "uso comercial ilícito" de sus sacrosantos logotipos y a la incertidumbre de la reforma judicial.
Sin embargo, la redacción de la ley es tan ancha como un bache de la avenida Juárez.
Desde esta humilde redacción digital, le recordamos a los legisladores solemnes que intentar legislar el chiste es el chiste más grande de todos.
Si por cada sticker de WhatsApp que les causa agruras van a recetar de uno a cinco años de prisión, les sugerimos ir convirtiendo el Palacio de San Lázaro en un megapenal, porque el ingenio del mexicano no cabe en sus juzgados.
¡Aquí seguimos, y si nos quitan el píxel, nos quedan las paredes!
El boletín oficial de la Federación se publicó a la medianoche con un sello tan pulcro que parecía de mentira.
La ordenanza era clara: quedaba estrictamente prohibido que cualquier ciudadano osara superponer texto de tipografía Impact sobre el rostro de un servidor público.
El decreto, bautizado inmediatamente por el ingenio popular como la «Ley de la Sagrada Seriedad», prometía erradicar el peor de los crímenes nacionales: la risa no regulada.
A la mañana siguiente, las calles de la Ciudad de México amanecieron custodiadas no por la policía de tránsito, sino por la recién fundada........
