El Beso y la Lija
Pero, claro, el gusto nos duraba apenas lo que tardaba en aparecer un novio con la barba más áspera que una lija.
Ahí se acababa el romance y empezaba la tortura; te dejaba los labios como un tomate partido a la mitad de tanto raspado.
Ese crecer enamorada y besuqueada por alambres me fue haciendo selectiva.
Aprendí a preferir a los hombres de cara limpia, esos rostros despejados que no te arruinaban ni la ilusión ni la piel.
Hoy, ese recuerdo es lejano.
Dejé de besar hace mucho y mi atención ahora habita otros mundos, como el análisis profundo de lo que hacemos los seres humanos mientras vivimos (frase maravillosa de J. Lennon).
Pero no puedo evitar fijarme en algo que parece trivial, mas no lo es: las barbas están por todos lados.
Casi seis de cada diez señores cargan hoy algún tipo de vello........
