"Argentina flirteó sin disimulo con las tarjetas rojas en tres agresiones que el colegiado obvió sin sonrojo"
Llama la atención del firmante que los banquillos de la noche del sábado sean ocupados por Thomas Tuchel y Didier Deschamps. Puede que por tratarse del clásico partido que nadie desea jugar, la identidad de los técnicos sea irrelevante. En el torneo cumbre del fútbol que se celebra cada cuatro años, competir por la tercera plaza posee una significación positiva, básicamente porque luego casi nadie se acuerda de qué selección acabó cuarta. Más en serio: en realidad, ser tercero se convierte en triste consuelo habiendo estado a un paso de colarse en la final y opositar al título.
Pues eso, que suena increíble que Tuchel y Deschamps sigan en sus cargos después de los papelones de Inglaterra y Francia ante Argentina y España. Fueron batallas con guiones distintos, pero en el fondo cortadas por idéntico patrón, el del fracaso. Se ganaron a pulso la derrota por su manifiesta incapacidad para responder a las expectativas generadas previamente y por la trascendencia del reto. Y........
