Non placet Hispania
No me gusta España, dijo Erasmo de Rotterdam a Cisneros en 1517. Por otros motivos, a mí tampoco me gusta. Salvos sean los muchos españoles que no pudieron elegir dónde nacer y quedaron atrapados en un Estado-Nación insoportable. Me repugna desde el germen, desde aquella Castilla forjada en luchas fronterizas, por guerreros y señores más dados a hincar espadas que rejos de arado. Los comuneros de Villalar, desde el patíbulo, fueron los primeros en vislumbrar la esencia de la España que se fraguaba. El gran Cervantes ridiculizó para la eternidad aquella hidalguía castellana, que solo en la guerra y en la caza podían tener ocupación, siguiendo el dogma de Alfonso X el Sabio: “Hombre noble no trabaja; si trabaja no es noble”. Por eso odiaban tanto la hidalguía universal de los vascos, que se ocuparan en cualquier labor, despreciando los oficios guerreros.
Una hidalguía que expolió medio mundo a punta de espada y fuego inquisidor, para que en España nunca se pusiera el sol aunque sus gentes se murieran de hambre y de ignorancia. Lo dijo Machado: “Castilla miserable / ayer conquistadora / envuelta en tus harapos / desprecias cuanto ignoras”. Y Valle Inclán remató la definición de España como tierra de “ladinos, guindillas y fantoches… cuya leyenda negra es su propia historia”.
No me gusta su Monarquía, pútrida donde las haya, ni sus reyes bobos, puteros y codiciosos. Y me dan asco los partidos constitucionalistas que siguen protegiendo al rey de los delincuentes, sin duda porque todos son como él. Al menos a los vascos y vascas nos queda el orgullo de haber peleado con todos los medios por una........
