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La metamorfosis del odio en Europa: AfD, Le Pen y Vox disputan el futuro del continente

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06.10.2026

El avance de la extrema derecha ha dejado de ser una anomalía para convertirse en uno de los ejes de la política europea. En Alemania, Alternativa para Alemania (AfD) fue segunda en las elecciones federales de 2025, con el 20,8% y 152 diputados. En septiembre de 2026 ganó las regionales en Sajonia-Anhalt, con el 43,8%, y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, con el 38,2%, aunque sin mayoría para gobernar. En Francia, Marine Le Pen encabeza las intenciones de voto para 2027; en España, Vox conserva 33 escaños y aparece reforzado en varios sondeos. Pero hablar de victorias inevitables sería confundir tendencia con destino. Gobierna en Italia con Giorgia Meloni, es decisiva en Hungría y tiene peso en otros países. 

En el Parlamento Europeo surgido de 2024, Patriotas por Europa obtuvo 84 escaños, Conservadores y Reformistas 78 y Europa de las Naciones Soberanas 25. No forman un bloque homogéneo: divergen sobre Rusia, la OTAN, la economía y la integración europea. Sin embargo, desplazan la agenda hacia políticas más restrictivas en inmigración, soberanía nacional y freno a la transición ecológica. Ese es quizá su mayor éxito. Incluso fuera del Gobierno, la derecha radical condiciona el vocabulario de sus adversarios. La migración domina las campañas; el endurecimiento penal gana centralidad; las políticas climáticas se presentan como cargas; y la defensa de las minorías se reinterpreta como privilegio de élites urbanas. No necesita controlar todas las instituciones para transformar la conversación: le basta con obligar a los demás a debatir en el terreno que ella ha elegido. 

Las razones del ascenso son múltiples. El coste de la vida sigue siendo la principal preocupación nacional y personal de los europeos, con el 36% y el 52%, respectivamente, según el Eurobarómetro. A ello se suman la vivienda inaccesible, los servicios públicos tensionados, la precariedad y el temor a la degradación social. Las crisis financiera, sanitaria, energética y geopolítica han transmitido la impresión de que el futuro será peor que el presente. La inmigración cumple una función central, aunque no actúa sola. Estudios comparativos muestran que las preocupaciones culturales predicen con fuerza el voto radical, mientras las inquietudes económicas amplían su coalición. El mecanismo consiste en conectar ambos planos: las........

© Deia (Tribuna Abierta)