Cuando Neil Sedaka sonaba en La Habana
LA HABANA.- Una muy triste noticia me llegó este 27 de febrero: el fallecimiento, a los 86 años, del legendario músico norteamericano Neil Sedaka. Con su partida, no solo se va un artista fundamental de la música popular del siglo XX, sino también una parte entrañable de mi juventud.
Cantante, pianista y compositor, Sedaka comenzó interpretando rock and roll y, con el paso de los años, encontró su voz definitiva en baladas melódicas que marcaron a generaciones enteras. Para muchos fue un ídolo; para mí, fue una compañía constante en los años en que la música abría ventanas al mundo.
La primera vez que escuché su voz fue a través de Radio Kramer, una emisora que existía en Cuba antes de 1959 y que transmitía exclusivamente música norteamericana, en especial rock and roll. Radio Kramer salía al aire desde una pequeña planta situada en la Avenida 26, en Nuevo Vedado. Su señal apenas alcanzaba el perímetro urbano de La Habana, pero bastaba. A pesar de esa limitación, tenía una audiencia fiel y entusiasta, sobre todo de jóvenes que soñábamos mientras escuchábamos aquellas canciones.
Recuerdo con especial cariño uno de sus programas más populares: “Cita con Paul Anka y Neil Sedaka a las 7”, que reunía frente a la radio a los admiradores de ambos artistas. incluido Paul Anka. Era una cita puntual con la ilusión.
Quienes tenían tocadiscos podían adquirir música norteamericana en las numerosas tiendas de discos de acetato que existían entonces. El principal proveedor era Humara y Lastra, con su gran tienda en Muralla 410, en Habana Vieja. Aquella tienda era representante de RCA Victor, la casa discográfica para la que grababa Sedaka. Para muchos, entrar allí era casi un ritual.
En aquellos años, casi todos los bares habaneros tenían victrolas, y muchas incluían canciones de Neil Sedaka. Yo las buscaba una por una, y cada vez que tenía unos minutos libres, introducía mis cinco centavos para regalarme ese pequeño lujo: escuchar su voz y olvidar el tiempo.
Todo cambió con la intervención estatal de las emisoras radiales en los primeros años del poder revolucionario. Radio Kramer desapareció del éter, y con ella el rock and roll y las baladas norteamericanas, consideradas por Fidel Castro como “música del enemigo”. A quienes las escuchábamos nos llamaron, con desprecio, “elvisprelianos” y “enfermitos”.
Desde entonces, oír esa música se convirtió en un acto casi clandestino. La alternativa era sintonizar la WQAM de Miami u otras emisoras similares, siempre con cuidado de que no se enteraran los chivatos de los CDR. Los pocos discos norteamericanos o ingleses que llegaban al país —traídos por marineros o viajeros— se escondían como tesoros y se escuchaban en voz baja, casi en susurros.
Hubo cantantes cubanos y mexicanos que versionaron canciones de rock al español. Tal vez el más popular fue el santiaguero Luis Bravo, quien grabó dos discos de larga duración y adaptó grandes éxitos de Sedaka, como Oh! Carol y You Mean Everything to Me, convertida en Eres todo para mí. Actuó en cines y se presentó en el cabaret Atelier, donde hoy se encuentra El Submarino Amarillo, en El Vedado. Luis Bravo murió en Estados Unidos en la década de 1990.
También Raúl Gómez y los Astros versionaron a Sedaka: Little Devil pasó a llamarse Eres como el fuego. Raúl Gómez vive desde hace años en Estados Unidos.
Durante mucho tiempo intenté encontrar discos de Neil Sedaka, mi cantante preferido. Apenas logré conseguir dos discos de 45 rpm, comprados a un vendedor de discos usados. Una vez, un amigo de la secundaria me llevó a casa de un vecino que tenía un LP suyo, con doce canciones, entre ellas Calendar Girl, One Way Ticket y Breaking Up Is Hard to Do. Aquel disco se llamaba Neil Sedaka Sings Little Devil and Others, RCA Victor LPM 1373. Nunca pude encontrarlo, pero su recuerdo quedó grabado para siempre en mi memoria.
Resulta inexplicable que, en la época de la Distribuidora Nacional de Discos —que llegó a piratear grabaciones extranjeras— se imprimiera cuatro veces el famoso Paul Anka Sings His Big 15, conocido en Cuba como Los quince de Paul Anka, y nunca se hiciera algo similar con Neil Sedaka.
Hace apenas unos años, ya en mi senectud, logré obtener en formato mp3 tres carpetas con canciones de Sedaka. Allí descubrí temas que nunca había escuchado, como Bad Blood, Laughter in the Rain y una versión lenta de Breaking Up Is Hard to Do, grabadas en la segunda mitad de los años setenta. Guardo esas canciones como un tesoro en mi laptop y, cuando quiero volver a aquellos tiempos lejanos, las escucho con un placer tan hondo que, a veces, no puedo evitar cantar junto a Neil Sedaka.
