Tal astilla
Cuando mencioné el mes pasado mis días mágicos, debí incluir también el 3 de marzo. Primero, porque es la fecha de fundación de Nuestra Señora de la Virgen de Regla, que en 1867 era apenas un caserío en la península de Guaicanamar, al fondo de la bahía de San Cristobal de La Habana, y en poco más de tres siglos creció sobre su costa y colinas circundantes, se forjó una identidad cultural única y ganó fama de rebelde, mística y chovinista. (A mucha honra).
Su historia la empezaron en el siglo XVIII los pescadores y marineros que encomendaban sus almas a la patrona de la Regla de San Agustín con modestas ofrendas dejadas en una ermita enclavada en punta Camacos, tradición importada desde puertos andaluces que a su vez fue heredada de la ciudad africana de Hipona, donde ese santo varón debutó como obispo, y como era de esperar, los esclavos igualaron esta virgen negra a su Yemayá, madre de todos los orishas, diosa de aguas bravías y voluble carácter.
Con fe o sin fe, ambos cultos conviven en el corazón del llamado “pueblo ultramarino”, título que indica su relevancia en asuntos de migración, pues por sus muelles arribaron millares de........
