Mucho ruido
Hacía rato que no caminaba por la calle 23, en el Vedado. Hay tanto calor que paro unos minutos en el portal de una bodega. A mi lado se detiene una motorina con música. No es reguetón, sino un clásico, y me hace saltar desde los primeros acordes:
Ella le pidió que la llevara al fin de mundo; / él puso a su nombre todas las olas del mar. / Se miraron un segundo / como dos desconocidos… // Todas las ciudades eran pocas a sus ojos. / Ella quiso barcos y él no supo qué pescar. / Y al final, números rojos / en la cuenta del olvido. / Y hubo tanto ruido / que al final llegó el final…
Primero me asombro, luego sonrío y sacudo la cabeza. La gente dice que yo invento estas historias coincidentes, pero la vida es pura recursividad. ¿Tenía que ser en esta esquina que Sabina me recordara ese final vislumbrado desde el principio?
Mucho, mucho ruido. / Ruido de ventanas. / Nidos de manzanas / que se acaban por pudrir. // Mucho, mucho ruido. / Tanto, tanto ruido. / Tanto ruido y al final, / por fin el fin. / Tanto ruido y al final…
Cruzando la calle está tu antigua oficina. ¿Cuánta juventud........
