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Confesiones desérticas

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02.04.2026

Ella revuelve su café varios minutos antes de decidirse. Ya no sé qué pensar Peor, ¡no sé qué hacer!. Desde que llegó ha estado reflexiva, avergonzada, extrañamente silenciosa, sin novedades sobre su hijo o su negocio. Toca esperar que suelte lastre y confiese por su cuenta.

Incómoda por este tiempo de inactividad (confirmada la maldición de los lunes), me limito a observarla mientras agoto mi tercer café y el mediodía se asoma en el patio.

Aún conserva rasgos de aquella belleza juvenil que paraba el tráfico (literalmente). Esbelta, firme en sus movimientos, con un halo de inteligencia que no pide permiso. Sin embargo, la noto ajada, mustia… Me viene a la mente un proverbio: La mujer tiene la edad del hombre que la acaricia.

¿Será eso? Hace rato que no los veo, pero sé que la relación se mantiene sin penurias porque ambos son emprendedores, viven solos y no tienen vicios ni enfermedades. 

Cuando se casaron, muchas compinches la criticaron porque él era diez años mayor. ¡Envidiosas! Es más joven de alma que todos sus maridos y tiene un físico divino, decía ella con orgullo, y por mí misma sé que la edad no es un problema.

No aguanto más: su casa tiene........

© Cubahora