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El Día Internacional del Jazz: para celebrar la fraternidad

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03.05.2026

Un sentido resuena, es verdad compartida: más que un género musical, el jazz es una filosofía, una visión del mundo, de las relaciones humanas y de la libertad. Lo resumió la legendaria Nina Simone: “El jazz no es solo música; es una forma de vida, una forma de ser, una forma de pensar”. Es la experimentación, en la matriz sonora, de la vida auténtica, escapada de los muros y convencionalismos. Los músicos de jazz rechazan la idea de lo pautado y petrificado. Sus cultivadores se proyectan al mundo, para armonizar con él, un universo aparentemente caótico, pero en generación permanente de singularidades y momentos armónicos, para enriquecerlo todo con su interconexión.

El jazz no es plano, ni montonal. Fluye mestizo y lleno de texturas, a veces áspero, como la vida de los que lo han traído hasta acá. Con esa magia que brota en el encuentro, abrazo resonante de cuatro o cinco intérpretes, que en un escenario se miran, asienten, para crear algo espontáneamente, lo que ninguno había imaginado solo. Como un ejemplo de lo que podría surgir en la arena social.

Recordemos que el jazz nació en Nueva Orleans, un puerto donde se mezclaban culturas y expectativas, latidos de isleños y de continentales.  De un crisol de colores y sabores, de una mezcla exótica, híbrida y excitante de elementos musicales traídos por africanos esclavizados, europeos migrantes y de antillanos. De ese revoltijo cultural salió algo completamente nuevo: una música que respeta la individualidad (cada solista brilla), pero que no funciona si no hay escucha colectiva, si las texturas corporales no se transparentan  y se excitan con las señales de lo demás.

Consulte además: Al sur del jazz: ensayos de libertad

Para  Wynton........

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