menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La estrategia imperialista del retroceso: Lo “nuevo” y lo “viejo”, historia y contemporaneidad

20 0
21.07.2026

La bandera estadounidense ondea frente a la cúpula del Capitolio de los Estados Unidos. Foto: Drew Angerer / GETTY IMAGES

La Cumbre realizada la anterior semana en Washington, convocada por el gobierno norteamericano a través del Departamento de Estado, sería el paso o escalón más reciente, en el ascendente itinerario de la escalada imperialista contra todo lo que represente el progreso histórico. Se trata de una ofensiva de larga data en la política norteamericana, con implicaciones domésticas e internacionales. Para comprender lo “nuevo”, vendría bien retener lo “viejo” y conectarles.

No está de más un breve y ágil recorrido analítico por ese trayecto. Como se advierte, la obsesión de Estados Unidos por obstruir los esfuerzos y cambios que puedan conducir a nivel global a un mundo mejor, evoca los tiempos en que la humanidad estaba atrapada entre el oscurantismo medieval y el irracionalismo filosófico que se afianza ulteriormente, conformando raseros ideológicos que alimentaban visiones y prácticas regresivas.

Pudiera parecer extemporáneo rememorar a Schopenhauer, cuyo pensamiento fue pieza central del pesimismo, a Nietzsche, con su crítica radical a la razón occidental, voluntarismo, prioridad a los instintos y teoría del superhombre, ambos del siglo XIX, o a Spengler, ya en el XX, que rechazaría las ideas de la Ilustración, de la linealidad de la historia, abrazando el cesarismo, las concepciones cíclicas y apostando a la decadencia. La aparición ulterior del fascismo como recurso del capitalismo ante las crisis, en su etapa imperialista, bebe de esas fuentes.

Algo de eso resurgiría mucho después, en el contexto de la desintegración de la Unión Soviética y el desplome del socialismo como sistema en Europa Oriental --proceso que Fidel calificaría como desmerengamiento--, con las tesis respectivas de Fukuyama y Huntington, sobre el “fin de la historia” y el “choque de civilizatorio”, descartando la centralidad internacional de la lucha de clases, ante el triunfo del capitalismo, sentenciando el fin de la Guerra Fría.

Sin embargo, al ver de conjunto esos procesos, como antecedentes teóricos del denominado “trumpismo”, y el reavivamiento ideas y fenómenos decadentes que no han quedado sepultados y reclaman presencia, es más que justificada su mención. La naturalización de la barbarie, la guerra el genocidio actual así lo confirman. La negación y hasta burla, del humanismo que simbolizó la Revolución Francesa, han adquirido carta de ciudadanía en el mundo actual.

De ahí que quizás convenga mirar el asunto, conectando historia y contemporaneidad, colocando el avance de la estrategia de retroceso que sostiene e impulsa Estados Unidos en su proyección interna y externa, tal como se manifiesta en la aludida Cumbre. Es otro paso, el más reciente, de una estrategia crecientemente peligrosa para la paz internacional, pero no constituye, en rigor, algo nuevo ni debe sorprender. Colóquese el asunto, para entenderlo, en su contexto y movimiento.

No es de extrañar que, en ocasiones, en el análisis de los reacomodos del imperialismo norteamericano que se registran en determinados períodos de la historia mundial --al establecer el contraste o la similitud, entre pasadas y recientes formulaciones doctrinales o prácticas concretas--, se consideren como novedosas, originales o como “nuevas” expresiones, a las acciones que promueven ciertos gobiernos de turno, a tal punto que se les reconocen contribuciones doctrinales, y hasta se les identifica con etiquetas que simplifican o absolutizan su ejecutoria, sobre todo cuando los han encabezado figuras descollantes.

Es decir, cuando se trata de gobiernos que llaman la atención por su resonancia mediática o legado político, basado en el uso de la fuerza y a la represión, tanto en el plano interno como en el externo, utilizando una retórica discursiva, una racionalidad teórica o académica y un liderazgo personal, que dejan huellas en la historia de Estados Unidos, en la medida en que contradicen el ideario fundacional de los llamados Padres Fundadores.

Así ocurriría con las dos Administraciones de Donald Trump, la de 2017 a 2021, y la que se halla en curso, iniciada en 2025. No se ha hablado de una “Doctrina Trump”, pero la etiqueta de “Trumpismo” vendría a ser lo mismo.

Antes, sería el caso del doble gobierno de Ronald Reagan, entre 1981 y 1989. En su discurso de toma de posesión, Reagan, retomando uno de los lemas que usó en su campaña presidencial, proclamaba su intención: “Hagamos grande de nuevo a Estados Unidos” (Let´s Make America Great Again”), anticipando la consigna similar que Trump haría suya, resumida por sus siglas: MAGA (Make Great America Again).

Por cierto, no estaría de más agregar, como nota a pie de página, que su otra consigna, “Estados Unidos, primero” (America First), la había popularizado el Ku-Klux-Klan durante su renacimiento, a finales del decenio de 1910, cuando resurge, desde su temprana aparición al concluir la Guerra Civil, con un espectro de acción mayor, al incluir como enemigos no solo al negro, sino al católico y al judío. O sea, lo “nuevo”, en del discurso de Trump, tenía, en realidad, mucho de lo “viejo”.

En aquella alocución, Reagan reavivó la moral nacional, asegurando que “los mejores días de Estados Unidos estaban por llegar”, enviando un mensaje al mundo, de que buscaría la paz, pero manteniendo la fuerza, a fin de defender la libertad. Se hablaría entonces de una “Doctrina Reagan”.

Había, desde luego, razones para ello, como con Trump. Bajo Reagan se auspició la reformulación de la veterana Contrainsurgencia, remozada y amplificada con la Guerra de Baja Intensidad, aprendiendo de las lecciones de Vietnam, al aplicarla en Centroamérica y otros escenarios en los que se revitalizaban fuerzas de izquierda y revolucionarias.

También se apadrinó la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), calificada por la prensa como “Guerra de las Galaxias”, como expresión actualizada de la carrera armamentista, enfocada hacia la meta de la superioridad nuclear y el control aeroespacial, ante la Unión Soviética.

La cruzada mundial que llevó a cabo Reagan contra el comunismo y más allá, contra toda expresión emancipadora, estuvo acompañada todo el tiempo, como lo ha sido la de Trump, por la demagogia y un voluntarismo perverso, que rememora el irracionalismo referido, acompañado de expansionismo geopolítico, agresividad desbordada, legitimidad de la violencia e intolerancia ante lo que se diferencie de, o no encaje en, la identidad tradicional de la nación, en las representaciones acerca de lo norteamericano. La imagen “del otro·, de “lo otro”, no solo en términos de diferente, sino de enemigo, permeando claramente la connotación ideológica de la política interna y externa de Estados Unidos, que gira en torno a la percepción de amenaza a la seguridad y cultura nacional.

Ello se explica tanto por las peculiaridades históricas de la formación y desarrollo del capitalismo y del imperialismo que sostiene a Estados Unidos, como de su condición contemporánea, en tanto principal potencia imperialista. A un Estado así, le resultaría........

© Cubadebate