El ventanal de Overton
Estimada gente lectora:
Reflexionando sobre la pantalla en blanco a la hora de dirigirme a Vds, que hacen el favor de apoyar esto, llego a la conclusión de que, desde hace tiempo, no me motiva tanto contar historias, ni informar de algo que considero que se debería saber, que son los estímulos habituales para esto que estamos haciendo (escribir y leer). Lo que más me impulsa a teclear, o a escribir a mano el borrador de lo que quiero decir, es la indignación. No sé si es una motivación muy noble, pero es lo que hay.
Así, escribí de corrido, en la tinta que me pareció más adecuada (suelo escoger el tono, aunque no creo que vaya a tener influencia ninguna con el resultado de lo escrito) sobre el sarpullido ético e incluso estético que me sobrevino cuando escuché a Feijóo, en un mitin de las elecciones andaluzas, clamar contra la corrupción y prometer que la erradicaría cuando finalmente tuviese ganas de ser presidente del gobierno. Apunté que hay que tener no sólo valor, sino un desprecio olímpico por la inteligencia de quien te escucha (sobre todo de quien se ha desplazado a un sitio seguramente incómodo para hacerlo) para prometer algo así cuando te pasabas las vacaciones con un narcotraficante que abastecía de combustible el organismo oficial que dirigías. Y porque mientras ponías al electorado por testigo de que nunca ibas a permitir la más mínima irregularidad administrativa, juzgaban a ministros de tu partido por haber puesto a policías y altos cargos a presionar a un extesorero de la organización que, gracias a su celo ahorrador, tenía un fondo de pensiones de casi 50 millones de euros en cuentas en Suiza. Por no mencionar a los otros compañeros de gabinete que campan ufanos por el........
