Pasiones tristes al servicio del capital y el fascismo
Alguien comparte una entrevista con un filósofo (pero puede ser una periodista, un cantante o un bombero). Da igual. Las respuestas no se hacen esperar: al lado de alguna frase amable crecen las llamas de la agresión. Se le llama desubicado, se le llama payaso, o zorra, o loca, ya sea por un desacuerdo importante, ya sea por un detalle. A menudo, de forma evidente, se está respondiendo al titular seleccionado por el medio, no al contenido de la entrevista. No todo es fuego enemigo, muchos de los peores insultos vienen de este lado de la valla, de este lado de los que se supone compartimos “algo”, llámesele “izquierda” –aunque sea insuficiente–, porque no siempre la defensa del pluralismo y el disenso es nuestro rasgo más destacado. (Estoy pensando en el feminismo, por ejemplo).
Decimos querer acabar con el fascismo, pero sus afectos han tomado posesión de nuestros cuerpos desde hace tiempo. ¿Fue culpa de las redes, con sus algoritmos perversos, que difunden los mensajes más extremos y dañinos? ¿Es el anonimato? O quizás estaban ya ahí –sobre todo a partir del aumento del miedo a caer, a la soledad… el miedo en sus múltiples formas que hace que sientas que flotas sin ningún asidero– y faltaba solo el vehículo, el arma cargada que son las redes. Por supuesto no todo es negativo en ellas, claro, hay potencia y alegría también, hay expresión y creatividad y encontrarse con otros locos o desarraigados; cualquiera que sea tu locura, sabes que no estás sola. Pero aun así, hay días que apagas el móvil y su constante parloteo porque se hace duro resistir a otra interpelación airada más, a otro insulto más. ¿Por qué esa constante sensación de pesadez y bruma?
Bifo señala que la depresión se ha vuelto un fenómeno masivo y que los fenómenos de sufrimiento son predominantes en la realidad social
Bifo señala que la depresión se ha vuelto un fenómeno masivo y que los fenómenos de sufrimiento son predominantes en la realidad social
El paisaje actual es el de devastación del lazo social y de las formas de comunidad que dejan cincuenta años de neoliberalismo. Esa devastación adopta la forma de la soledad: bailamos sobre el alambre. Dice el filósofo Franco ‘Bifo’ Berardi que otro reto epocal determinante acompaña esta soledad como rasgo de la vida contemporánea: la de los jóvenes que están siendo criados por las máquinas; de no ser por la escuela, muchos pasarían más tiempo con los dispositivos electrónicos que con otros humanos. Si bien puede parecer alarmista –la máquina permite también interactuar con otras personas–, sabemos ya de algunos efectos que este hecho está teniendo en los adolescentes. Dice Bifo que esta nueva condición antropológica “no es una condición feliz”. ¿Acaso tiene algo de relación con la devastación emocional que está dejando en los jóvenes, aunque no sea este el único factor determinante? “La prueba, dicen los psiquiatras, es que la depresión se ha vuelto un fenómeno masivo y que los fenómenos de sufrimiento se multiplican hasta que se vuelven predominantes en la realidad social”, señala Bifo. Si no la propia depresión como hecho........
