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Debemos enseñar a las chicas a estar orgullosas de sus mamadas

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06.04.2026

Los cambios en la tecnología y el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial están dando lugar a eso que hemos nombrado como violencia digital. En un espejo deformado de lo que supone la violencia offline, las posibilidades en internet se multiplican y aparecen formas nuevas de hacer daño: se crean o difunden contenidos que exponen a las personas sin su consentimiento. Desde la difusión de imágenes sexuales privadas hasta los deep fakes –fotos que desnudan o sexualizan a personas mediante IA– o la instalación de cámaras ocultas en habitaciones de hotel. Todo puede ser contenido. Todo puede, además, monetizarse.

El uso de la IA es muy significativo, ya que de todas las imágenes posibles –por primera vez el límite es solo nuestra imaginación–, ¿cuáles son las que parecen adaptarse mejor al dispositivo de viralización? La sexualización –sobre todo de las mujeres– aparentemente captura la libido creativa de las masas, ya que en este nuevo paisaje digital se imprimen las relaciones de poder existentes. ¿Por qué a tantos varones la falta de consentimiento no solo no les genera rechazo, sino que les produce excitación?, se pregunta la influencer OnlineMami. ¿Acaso es un motivo añadido para crearlas, un extra que aporta el placer de la transgresión?

Estas nuevas formas de agresión generan interrogantes de todo tipo. Algunos tienen que ver con cómo obligar a las empresas tecnológicas a rendir cuentas por el contenido que generan o difunden. Una línea de trabajo feminista sería cómo hacer responsables a los que crean estas imágenes para tratar de frenar su proliferación. Pero otra que no podemos olvidar tiene que ver con minimizar el daño que producen. ¿Por qué deberíamos avergonzarnos de una imagen sintética, de un desnudo falso que tiene nuestra cara? Y en realidad ¿por qué debería avergonzarnos ninguna imagen sexual, sea o no falsa?

La vergüenza como control social

Cuando una imagen sexual de una chica circula sin su permiso, se activa un mecanismo de control social. Si son imágenes reales, se la puede llegar a culpabilizar: “Si no querías que circulasen, ¿por qué las grabaste?” El segundo mecanismo es clasificatorio: “Es una guarra, mira lo que hace”. “No es una mujer de alto valor”, que se diría en la manosfera. En cualquier caso, da igual que la imagen sea real o fabricada, parece que hay algo en esas imágenes que es inherentemente humillante o bochornoso. Y si algo ha cambiado en las últimas décadas –o desde más atrás– ha sido precisamente gracias al trabajo de los feminismos que han luchado para liberar la sexualidad femenina de este mecanismo de control. Pero si sigue dañando más a quien aparece en la imagen que a quien la difunde, quiere decir que todavía queda mucho por hacer.

El mensaje implícito es disciplinario: no hagáis esas cosas o actuad de manera que nadie crea que sois capaces de hacerlas

El mensaje implícito es disciplinario: no hagáis esas cosas o actuad de manera que nadie crea que sois capaces de hacerlas

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