“¡Pero cuéntame otra cosa! ¿Es que no pasa nada más en España?”
Hablo por teléfono para Luzes con Soledad Gallego-Díaz (Madrid, 1951), una de las mejores periodistas que he conocido. Gallego-Díaz fue una intrépida militante antifranquista antes de convertirse en un referente de El País, donde dio a conocer en exclusiva la Constitución del 78 junto al añorado Bonifacio de la Cuadra. Tras ser corresponsal por medio mundo y directora adjunta con Joaquín Estefanía, cofundó CTXT con un grupo de amigos, en 2015, y en junio de 2018 volvió a El País como directora para intentar rescatarlo de la funesta etapa liderada por Antonio Caño. Estuvo solo dos años, como prometió, pero fue suficiente para conocer de primera mano el terrible efecto que ejerce hoy la bulocracia sobre las redacciones de los medios tradicionales.
La impresión es que el estado actual del periodismo es grave, pero no serio, y que tiene mala solución. Durante tu carrera has conocido todo tipo de situaciones jodidas para el periodismo. ¿Es este uno de los peores momentos?
El peor, sin duda. Pero ten en cuenta que yo empecé a trabajar con la dictadura y aquello era lo peor de lo peor. Todo es mejor que la dictadura. O sea que por mal que esté, bueno, ni punto de comparación a lo que fue aquello. Porque sigue habiendo libertad de expresión. No hay nada que te impida escribir lo que tú quieres escribir. Y eso al fin y al cabo es una cosa que deberíamos tener en cuenta. Los principios básicos que necesitas para poder ejercer el periodismo están en vigor. Y eso es importante. Porque a veces se nos olvida.
Cuando la publicidad se dirige solamente a unos medios no hay equilibrio posible
Cuando la publicidad se dirige solamente a unos medios no hay equilibrio posible
Pero como diría el dictador, una cosa es la libertad y otra el libertinaje.
Exacto. Estamos en el libertinaje de expresión en este momento. El problema es que hay una concentración muy grande de propiedad de los medios. Y deberíamos buscar la manera de solucionarlo. Por ejemplo, controlando la publicidad institucional para que sea neutral y no pueda financiar solamente a medios afines. Ese sería un primer paso para garantizar la libertad, la pluralidad y la diversidad de los medios. Porque lo más peligroso es la concentración. Que todo el mundo diga lo mismo y que uno diga muchas burradas no es libertad de prensa. Si hay otra serie de medios que dicen lo contrario y se pueden financiar, no pasa nada. Lo malo es cuando la publicidad se dirige solamente a unos medios, porque las instituciones dedican una cantidad de dinero impresionante a ese capítulo, y no hay equilibrio posible.
Digamos que hay dos concentraciones, una de la propiedad de los medios, porque unos pocos grandes holdings manejan muchos medios distintos, escritos y audiovisuales y copan el 80% del mercado publicitario. Y luego además hay una concentración ideológica, que es casi peor.
Claro, pero eso está provocado por la publicidad institucional que se dirige hacia ellos. Muchos de esos medios que hacen tanto ruido no podrían subsistir si no tuvieran esas fuentes extrañísimas de financiación: dinero público opaco, repartido sin cumplir criterios de transparencia ni de eficacia ni de pluralidad ni de defensa del interés general. Si eso se frenara, se podría clarificar un poco lo desagradable que está todo, lo endemoniado y enfangado que está. Deberíamos tener, por ejemplo, suficientes grupos y asociaciones de periodistas que hicieran demandas conjuntas para parar eso.
No parece que los partidos estén muy por la labor…
Ya, pero una cosa es que no quieran y otra que no se les pueda forzar.
En Inglaterra saben quién es el propietario de cada medio y la publicidad que reciben. No es una extravagancia lo que se está pidiendo
En Inglaterra saben quién es el propietario de cada medio y la publicidad que reciben. No es una extravagancia lo que se está pidiendo
¿No crees que los periodistas hemos estado, como diría Esperanza Aguirre, demasiado invigilantes? Contra la publicidad institucional que beneficia a los amigotes no hemos dicho nada. Tampoco contra los medios y submedios de las cloacas, ni contra las inversiones ludópatas de algunos CEOs. ¿Somos un gremio cobarde y sin conciencia democrática?
Es verdad que hemos estado muy poco vigilantes. La transparencia de los medios debería ser una cosa elemental en democracia. Y en muchos países es así. En Inglaterra saben muy bien quién es exactamente el propietario de cada medio. Sabes perfectamente la publicidad que reciben. O sea, no es una extravagancia lo que se está pidiendo. ¿Se podría conseguir? Claro que sí. Lo que hay es que ponerse a ello.
Por otro lado, es verdad que siempre ha habido prensa amarilla. Los tabloides y la telebasura llevan décadas publicando........
