Antifeminismo juvenil: más allá de la falsa dicotomía entre lo material y lo cultural
El artículo de Nuria Alabao supone una intervención necesaria en el debate actual sobre el antifeminismo juvenil y sitúa el fenómeno en la intersección entre la precariedad material, las percepciones de declive social y un proceso de traducción cultural que reconduce la frustración hacia el resentimiento de género. Comparto su interés por evitar la reducción del fenómeno a una mera guerra cultural, así como su apelación al caso de Corea del Sur como laboratorio que ilustra el modo en que los varones jóvenes canalizan su malestar hacia las mujeres ante la imposibilidad de cumplir con las expectativas tradicionales asociadas al género masculino.
Sin embargo, el planteamiento de Alabao corre el riesgo de reproducir una falsa oposición que los datos empíricos no sostienen. La disyuntiva que propone entre lo material y lo cultural no constituye una dicotomía respaldada por la evidencia. En mi propia investigación doctoral en curso, el análisis revela que las condiciones materiales y las percepciones culturales no operan como esferas separadas que compiten por la primacía explicativa, sino que se funden en la experiencia vivida de los jóvenes varones que constituyen la vanguardia antifeminista. En concreto, cabe hablar de un efecto que llamo del “graduado precario” que opera como el punto de confluencia de ambas dimensiones: la educación media-alta (capital cultural) combinada con ingresos bajos (precariedad material) genera el mayor respaldo a las actitudes reaccionarias. Ello no ocurre porque un ámbito se traduzca en el otro, sino porque la diferencia entre ambos produce una ansiedad de estatus que las ideologías de género de suma cero –según las cuales la ganancia de un grupo (las mujeres) implica necesariamente la pérdida de otro (los hombres), sin posibilidad de beneficio mutuo– organizan y legitiman.
Se detecta una brecha consistente en un subconjunto de varones jóvenes que se desplazan hacia posiciones reaccionarias en 21 países al menos
Se detecta una brecha consistente en un subconjunto de varones jóvenes que se desplazan hacia posiciones reaccionarias en 21 países al menos
Alabao cita datos para España que muestran un descenso en la identificación feminista de los jóvenes entre 2021 y 2025. Se trata de una tendencia significativa, pero que puede formar parte de un patrón más amplio no reductible al ciclo político español que ella describe. Es posible detectar una brecha generacional consistente en mujeres jóvenes que se desplazan hacia posiciones progresistas y un subconjunto de varones jóvenes que se desplazan hacia posiciones reaccionarias en 21 países al menos, entre ellos España y Corea del Sur, con configuraciones muy diversas en términos de gobierno, fortaleza del movimiento feminista y regímenes de bienestar.
Figura 1. La brecha generacional de género: las mujeres jóvenes se desplazan hacia posiciones más feministas mientras que los varones jóvenes muestran la tendencia contraria. Fuente: IPSOS
Alabao recurre acertadamente a la investigación de Joeun Kim sobre Corea del Sur, que muestra que la ideología del victimismo masculino no se asocia tanto con la precariedad objetiva como con la percepción de declive socioeconómico en relación con la generación de los padres, concentrada entre varones de clase media y alta que perciben amenazado su estatus. De ello infiere que “no son los más marginados quienes abrazaban necesariamente el discurso antifeminista, sino aquellos que sienten que estaban descendiendo de clase”.
El desfase entre expectativa y logro genera una inconsistencia de estatus que las ideologías de género de suma cero tornan inteligible
El desfase entre expectativa y logro genera una inconsistencia de estatus que las ideologías de género de suma cero tornan inteligible
Este es precisamente el patrón que captura mi análisis mediante la interacción entre bajos ingresos y alta educación: el colectivo que denomino “graduados precarios”. No se trata ni de los estructuralmente marginados (baja educación,........
