La calma opresiva antes de la tormenta
Apenas eran las siete de la mañana. La frialdad de la noche se disipaba en jirones y aparecía el sol soso del amanecer. Sin embargo, incluso este te golpeaba en el rostro, se te encaramaba en la espalda, te arañaba los ojos. Algunos de los presentes en el desfile utilizaban las pancartas donde se leía “La Patria se defiende” como sombrillas; otros se guarecían detrás de los pedazos de tela en los cuales escribieron a qué sindicato pertenecen.
Desde diferentes puntos de la ciudad las personas desembocaban en la avenida, como afluentes que tributaban a un río. Ahí se organizarían en diferentes bloques, según su centro laboral. Más tarde, a eso de las ocho, marcharían en conmemoración al Primero de Mayo.
Dicha fecha resulta una de las celebraciones más importantes desarrolladas por el gobierno de Cuba. Constituye una forma de recordar su carácter proletario. Se realiza sin falta, como un ritual-país. Solo durante la pandemia de covid no se efectuó. Este año se especulaba que no ocurriría. La Isla sufre quizás la mayor crisis desde los inicios de la Revolución. Una movilización de tal magnitud conlleva, sea como sea, una gran cantidad de recursos. Sin embargo, las autoridades le otorgan a la política, vista como una forma de crear ideología, prioridad; aunque el contexto económico y social no se adecue a tales iniciativas.
La gente arriba a sus respectivos bloques con largos rostros de cansancio. Tan temprano se despertaron algunos para poder llegar en tiempo que debieron soportar las burlas de una luna llena oronda. Con un transporte público mitológico, casi inexistente por culpa de la escasez de combustible, muchos recurrieron a sus piernas para desplazarse por una ciudad casi a oscuras; aunque desde el cielo brotara un brillo plateado, este solo resaltaba en tonos fantasmagóricos las fachadas de los edificios y los inservibles postes del alumbrado público.
El lema de este 1º de Mayo –convertido en consigna, vuelto hashtag, impreso en las pancartas– es “La Patria se defiende”. Con las actuales políticas y declaraciones de la Administración Trump, Cuba está lo más cercano posible a un conflicto bélico desde la Crisis de los Misiles. Esta marcha funciona o por lo menos así lo ideó el Estado y el Partido para demostrar unidad y recalcar la idea de que Cuba no quiere guerra; sin embargo, si esta llegara a desencadenarse se defendería de una manera u otra.
Uno presiente cuando se acerca la tormenta. No hace falta notar nubarrones, con aguacero y centella dentro del vientre, apretados los unos con los otros en el horizonte. Antes de eso te das cuenta del cambio de presión. La atmósfera se vuelve opresiva. El aire se parece a un ataúd.........
