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Pier Paolo Pasolini en el País de los Alcahuetes

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22.12.2025

La derecha italiana, que lidera el Gobierno, se está apoderando de las instituciones culturales, los medios de comunicación y el sistema educativo y, en su proyecto pseudogramsciano de hegemonía (¿quizás podrían inventar algo, en lugar de robar ideas y palabras?), no ha desaprovechado la oportunidad que ofrece el 50 aniversario de la muerte de Pasolini.

Periodistas y políticos del partido de Meloni han afirmado que, de una forma u otra, Pier Paolo Pasolini pertenecía al bando conservador.

En el Festival de Atreju, un encuentro cultural navideño para los descendientes del Partido Nacional Fascista, un tal Mollicone llegó a comparar a Pasolini con Charlie Kirk, e incluso se atrevió a decir que Pasolini se sentiría honrado por la comparación con el racista estadounidense.

No creo que valga la pena discutir este tipo de disparates. Así que dejémoslo ahí y preguntémonos quién fue Pasolini y cuánto de su contradictorio legado sigue siendo relevante hoy en día. No me interesa debatir si Pasolini era de izquierdas o de derechas: la afiliación política no es un criterio útil para entender la evolución cultural y estética en su complejidad.

Pasolini no entendió el 68

En 1971, vivía en una casa en el centro de Roma, no lejos de Via di Panico, donde vivía Laura Betti. Una noche, Laura me invitó a cenar a su casa y cuando llegué había un señor de aspecto severo que reconocí como Pasolini, un gran amigo de Laura. Estaba solo en un rincón, taciturno, y me intimidó un poco. Yo también estuve taciturno esa noche; por suerte, Laura estaba habladora como siempre.

No me gustaba ese señor por muchas razones. Lo conocía desde los tiempos del liceo, aunque no personalmente. A mediados de los sesenta, vi El Evangelio según San Mateo con Corrado Festi, un viejo profesor ciego que enseñaba filosofía en el instituto Minghetti donde yo estudiaba. Comunista y libertario, el profesor solía ir al cine con un par de alumnos porque necesitaba que alguien le explicara lo que había en la pantalla. Volví a toparme con Pasolini en 1968, pero de nuevo solo virtualmente. Tras los enfrentamientos de Valle Giulia, donde por primera vez los estudiantes no huyeron de la policía, sino que se rebelaron contra la violencia represiva, Pasolini escribió un poema. Un mal poema, en mi opinión: resentido, arrogante y amargado, carente de luz, de ironía. Interesante, aun así. En el poema (titulado Il PCI ai giovani,El PCI a los jóvenes’, pero conocido como Vi odio, cari studenti, ‘Os odio, queridos estudiantes’, porque la revista L’Espresso publicó el texto con ese título), Pasolini acusaba a los estudiantes de ser hijos de papá y de luchar contra sus padres solo para apoderarse de su poder. Al mismo tiempo, declaraba su amor por los policías, hijos jóvenes de campesinos y obreros. Vieja retórica populista, casi basura.

El 68 fue cosmopolita porque coincidió con el surgimiento de la cultura juvenil global, y también internacionalista porque expresó su rebelión contra el imperialismo

Hombre de una visión extraordinaria, aunque un poeta mediocre y con poco conocimiento del pensamiento de Marx, creo que Pasolini no comprendió la importancia del movimiento estudiantil de 1968. Muchos de los estudiantes que salieron a las calles ese año en Italia, Francia y otros lugares eran quizás hijos de padres burgueses. Muchos eran hijos de empleados de clase media-baja; un gran número provenía de familias de clase trabajadora, a pesar de que el acceso a la universidad para los trabajadores aún era limitado. Pero esa consideración sociológica realmente no era lo esencial. La importancia del movimiento que sacudió al mundo en 1968 sólo puede entenderse observando a largo plazo el proceso de transformación postindustrial del trabajo.

Ese movimiento fue cosmopolita porque coincidió con el surgimiento de la cultura juvenil global, y también internacionalista porque expresó su rebelión contra el imperialismo occidental. Ese movimiento marcó el primer surgimiento masivo del trabajo cognitivo, que en las décadas siguientes se convirtió en el motor de la producción. La alianza entre estudiantes y trabajadores industriales no fue una declaración retórica de compasión ética, sino una señal de la interdependencia entre el trabajo intelectual y el rechazo a la alienación industrial. El rechazo al trabajo por parte de los jóvenes trabajadores y el despliegue de energía cognitiva convergieron en el proceso común de revuelta social contra la dominación capitalista.

Pasolini se equivocó por completo en su evaluación del movimiento estudiantil porque pasó por alto el punto crucial, que no eran los orígenes sociológicos de los estudiantes, sino el nuevo papel que el trabajo cognitivo comenzaba a desempeñar en la producción y la composición política de la clase trabajadora. Después de 1968, la aproximación de Pasolini al movimiento cambió: impulsado por la fuerza misma de los acontecimientos a reconocer su naturaleza proletaria, se unió a Lotta Continua, una organización que fusionaba el marxismo, el maoísmo y el anarquismo con una generosa inspiración del radicalismo cristiano.

En colaboración con Lotta Continua, rodó el documental 12 Dicembre (1972). No es difícil comprender la afinidad de Pasolini con Lotta Continua. “La prioridad de estos jóvenes militantes”, dijo, “es la pasión y el sentimiento”... y cierta imprecisión teórica, si se me permite decirlo.

Lotta Continua no era una organización política, como argumentaban muchos en los círculos de izquierda de la época, sino un estado de ánimo que a veces rozaba el populismo. Un sentimiento de amor hacia el pueblo, hacia los pobres y marginados, fue el punto en común entre Lotta Continua y Pasolini. En Cartas a Gennariello (artículos publicados por Il Corriere della Sera en 1974), este vago sentimiento de amor por los pobres se entrelazaba con la autenticidad mitológica de la juventud napolitana premoderna, a la que el........

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