Extraños compañeros de cama
Las energías renovables son una cuestión de autonomía operativa, logística, resiliencia y vulnerabilidad estratégica para la OTAN, y ocupan un lugar creciente en su agenda de seguridad energética. Así lo plantea el informe “Energy Highlights Nº 21”, publicado por el Centro de Excelencia de Seguridad Energética de la OTAN en enero de este año.
Se trata de un centro acreditado por la OTAN, no de un órgano integrado en su estructura de mando, pero un portavoz de la organización militar ha confirmado al medio online Politico la sintonía con las conclusiones del informe, al considerar que el uso de combustibles alternativos reduce las dependencias.
No echemos las campanas al vuelo. Los militares no abrazan las renovables porque hayan leído a Greta Thunberg. Su interés se debe más bien a razones prácticas, en la medida en que el transporte al frente de batalla de un litro de diésel es un riesgo añadido que quedaría anulado con una fuente autónoma de suministro energético. La tesis de fondo del informe es que cuanto menos dependan de largas cadenas logísticas de combustible fósil, menos vulnerables serán sus ejércitos. El informe aboga por una intendencia que convierta en energéticamente independientes a los campamentos militares, apuesta por sistemas energéticos descentralizados, microrredes, energía oceánica y el papel de biocombustibles y combustibles alternativos en la seguridad del suministro militar.
En el “ecosistema” OTAN, el lenguaje de las renovables aparece ahora como una cuestión de seguridad y defensa
En el “ecosistema” OTAN, el lenguaje de las renovables aparece ahora como una cuestión de seguridad y defensa
A ver cómo le explica esto el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a su admirado Donald Trump, negacionista del cambio climático, cuya política energética pasa por forzar a la Unión Europea a comprar sus combustibles fósiles. El Unleashing American Energy (Orden Ejecutiva 14154 firmada por Trump durante su primer día de regreso en la Casa Blanca) se cargó de un plumazo la política medioambiental de Biden, al tiempo que ordenaba expandir y acelerar la exploración y perforación de petróleo, gas natural y carbón, tanto en tierras federales como en aguas de la plataforma continental estadounidense. Al otro lado del Atlántico, la seguridad energética sigue oliendo a petróleo mientras que en Europa la seguridad militar y la transición energética parecen converger. En el “ecosistema” OTAN, el lenguaje de las renovables aparece ahora como una cuestión de seguridad y defensa, dos necesidades acuciantes para los 27 Estados miembros de la UE, obligados a hacerse cargo de ellas por imperativo de la nueva geoestrategia norteamericana. Mientras Washington vuelve a vestir los hidrocarburos con lenguaje de........
