“Hay que hacer responsables a las empresas por el daño a la salud mental de sus trabajadores”
Rosa, profesora de educación secundaria de 51 años, empezó a encontrarse mal el pasado mes de enero. Fuertes migrañas y problemas gastrointestinales que le complicaban cada vez más acudir al trabajo terminaron llevándola a su centro de salud. “El médico me mandó hacer analíticas, pero nos dimos cuenta de que todo lo que me pasaba era por un cuadro de ansiedad, generado por lo que supone dedicarte a la enseñanza hoy en día”, explica. Después de eso, el médico le extendió una baja laboral, situación que todavía mantiene en este momento. No era su primera baja por problemas de salud mental, pero en esta ocasión el cuadro de síntomas era más grave que en la anterior. Lo que cuenta no es excepcional: el I Estudio Nacional sobre el Estado de Ánimo de los Docentes en España elaborado por Educar es Todo y la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) y publicado en 2023, mostraba que en torno a un tercio de los profesores de nuestro país se siente maltratado, mientras que cerca de uno de cada cuatro está sufriendo síntomas depresivos. La situación del profesorado no difiere demasiado de la que manifiestan la mayoría de los trabajadores. Las bajas laborales han aumentado sin parar desde la pandemia, y la segunda causa más frecuente de incapacidad son los trastornos de salud mental.
“El médico me mandó hacer analíticas, pero nos dimos cuenta de que todo lo que me pasaba era por un cuadro de ansiedad”
“El médico me mandó hacer analíticas, pero nos dimos cuenta de que todo lo que me pasaba era por un cuadro de ansiedad”
Rosa nos cuenta por teléfono que hace cuatro años pasó un mes de baja por una otitis que le provocaba problemas de audición, mareos y dolor de cabeza, lo que al final le generó mucha ansiedad. Sin embargo, explica, pasado ese mes se reincorporó al trabajo sin mayor problema, perfectamente recuperada tras haber superado la otitis. Esto no es del todo habitual, porque los cuadros por trastornos mentales a veces son complejos y precisan de un tiempo más largo para sanar, lo que provoca a veces incomprensión y estigma hacia los trabajadores. Rosa considera que dentro de la enseñanza los problemas mentales no están tan estigmatizados, sin embargo, añade, “es cierto que a veces una misma se sugestiona, yo por ejemplo solo se lo he contado a las personas más cercanas, en parte porque al principio no me encontraba en mi mejor momento y me costaba hablar del tema, pero los compañeros lo entienden perfectamente”. La cosa cambia cuando hay que hablarlo con los jefes: “Los órganos de dirección del centro de estudios, dependiendo de cuánto les trastoques la organización de las clases, no siempre son del todo empáticos con tu situación, pero varía mucho en cada instituto. En cualquier caso, cada vez nos cuesta más dar clase, es un hecho generalizado, en cuanto preguntas un poco descubres que hay muchísima gente que ha pasado por lo mismo que tú”. Incluso, explica que “cuando vas al médico te dicen que los casos han subido un montón, cada vez hay más gente a la que la vida se le hace cuesta arriba”.
Al preguntarle a Rosa si su baja podría haberse evitado dice que “seguramente sí, pero yo no soy muy optimista. Hacen falta cambios muy profundos que no se están haciendo. Tenemos muchísima carga de trabajo, sobre todo obligaciones de tipo burocrático, y las instancias superiores no nos lo ponen nada fácil, el trabajo de los profesores no se valora nada”. La profesora explica también que las dinámicas que se ven en clase, con el alumnado, son cada vez más difíciles de manejar, y que “cuando esto te pilla un poco floja, porque a lo mejor se te junta con otros problemas personales, no puedes afrontarlo todo a la vez. Eso es lo que me ha pasado a mí”. De momento, la trabajadora acude a revisión cada mes para que su médico decida si se prolonga o no la baja: “Me voy encontrando mejor poco a poco, he recuperado buenas sensaciones respecto a mí misma y a mi entorno. Todavía no estoy bien del todo, pero hago progresos cada día”. La historia de Rosa es la historia de miles de trabajadores en nuestro país.
Las cifras: tres millones de personas con depresión y un 4,4 % de los trabajadores en situación de incapacidad temporal
En mayo de 2025, el Banco de España presentó el informe anual en el que se analiza la coyuntura económica y laboral de nuestro país. Entre los datos más llamativos, se encontró un aumento del porcentaje de personas en situación de incapacidad temporal (IT), que había pasado de un 2,7 % en 2019 al 4,4 % en 2024. Según explicaba el propio organismo: “Desde la pandemia se ha observado un aumento en el número de trabajadores de baja laboral, que ha sido muy generalizado y más intenso en España que en otros países de nuestro entorno”. Es decir, el fenómeno se está produciendo entre los trabajadores de cualquier sector y edad, aunque el mayor número de bajas se concentra entre las personas mayores de 55 años (el 7 % de estos trabajadores estaban en situación de IT en el momento del estudio).
El coste para las administraciones públicas derivado del pago de las prestaciones por incapacidad tempora representa cerca de un 1 % del PIB
El coste para las administraciones públicas derivado del pago de las prestaciones por incapacidad tempora representa cerca de un 1 % del PIB
Tras la publicación de este informe, la mayoría de los medios de comunicación corrieron a hacerse eco de lo que para ellos era más grave: la cuestión pecuniaria. Y es que, según el texto redactado por la institución que preside actualmente el exministro José Luis Escrivá: “El coste para las administraciones públicas........
