Bolivia 2025: crisis sin colapso, pánico sin hiperinflación
El 2025 fue un año atípico para la economía boliviana: marcado por una crisis heredada y comportamientos contradictorios que influyeron decisivamente en la política. Hubo inflación acelerada y luego contenida, pánico cambiario seguido de una calma relativa, y un colapso electoral del oficialismo, mientras las expectativas se apoyaron más en señales políticas que en cambios económicos reales. Lejos de cerrar la crisis, el año dejó como herencia una mayor incertidumbre para 2026 y un rezago frente a la región, que en promedio creció 2,3% mientras Bolivia quedó atrapada en sus propias contradicciones.
El comportamiento de los precios ilustra bien esta anomalía. En marzo de 2025 se desató un proceso inflacionario abrupto, alimentado menos por choques productivos clásicos y más por la incertidumbre, la especulación y el miedo al dólar. Entre mayo, junio y julio se vivieron los meses más críticos: la harina llegó a Bs 450 por bolsa, el aceite argentino de cinco litros se vendía a Bs 140 y el kilo de pollo alcanzó los Bs 30. Algunos productos mostraron incrementos extremos: el pollo subió 9,1% en un solo mes y la cebolla hasta 23,8%. Las redes sociales amplificaron el pánico, anunciando una inflación anual superior al 60%, una hiperinflación inminente y una devaluación inevitable.
Sin embargo, el desenlace fue distinto. La inflación cerró en torno al 20,8%, muy alta para los estándares bolivianos, pero lejos del escenario catastrófico anunciado.........





















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