Una operación de excepción
El estado de excepción caía de maduro, aunque los acríticos fans del Gobierno ya lo felicitaban justo por no dictarlo. Difícil como fue manejar semejante trance, flaco favor se les hace a las autoridades al solo lanzarles serpentina porque hagan o porque no hagan.
El discurso oficial durante el despiadado bloqueo fue desconcertante. Bamboleos entre “el diálogo”, “la ley”; conatos de mano dura y plegarias de nunca ejercerla; y epítetos como “sicariato”, “legítimas demandas”, “narcoterrorismo”, para acabar pactando con los gruesos de los sindicados.
Sin embargo, el oficialismo calculó con astucia el agotamiento de los bloqueadores. Claro que los muertos, las familias alteñas y paceñas, los choferes, los empresarios y cuentapropistas pagaron la estrategia del desgaste aplicada. Los incidentes de 2003 y 2019 son aleccionadores, pero en los bloqueos la inacción estatal olió también a egoísmo: las consecuencias para el Gobierno se pusieron por encima del padecimiento de la gente. Evitar el mismo destino de Goni no debería........
